Dimisión por obligación
Una vez más, el nombre de Navarra queda manchado por aquellos que no la respetan, ni pretenden hacerlo. El cerco a la corrupción nacional nace y se dirige desde Navarra, tierra de gentes honestas y valientes.
Estamos ante la antesala de lo que se supone —y que con el tiempo sale y se ve—: el entramado de presunta corrupción que el PSOE tiene montado en España. Las informaciones de la UCO no dejan lugar a dudas: licitaciones, urnas, etc., mientras en Navarra la actual presidenta no dimite, y mientras en España el actual presidente tampoco lo hace.
Esta carga y presión social, imposible de llevar para una persona normal, ellos no la sienten porque, en su interior, niegan la evidencia. El buen nombre de Navarra mancillado, la sanidad deteriorada al extremo, la educación manipulada por intereses foráneos, y la industria asfixiada a impuestos.
Como no hay respuesta ni movilización ciudadana, ellos están a otra cosa: a la de mantenerse como sea en un sillón podrido de hipocresía y soberbia. Lo peor de todo es que atentan contra nuestra inteligencia de ciudadanos de bien, llorando, diciendo que no sabían nada, que están contrariados y afligidos por las causas.
Esto no ha sido más que el principio. Seguro que saldrán cosas que nos helarán la sangre, o por lo menos, nos la calentarán. Estamos en un momento único para destruir todo aquello que nos ha hecho daño social y económico, y volver a la senda del crecimiento y la honestidad que siempre hemos tenido.
La hemeroteca es un buen sintonizador de los logros aportados por el gobierno del PSN en ocho años: ningún titular de relevancia, ningún factor económico al alza, solo el que marcan las propias empresas supervivientes con el pago asfixiante de impuestos.
Por el bien de Navarra y de España, dejen paso a personas capacitadas que nos permitan recuperar lo que siempre hemos sido: personas de bien.