Estamos inmersos en una trayectoria larga, de cambio paulatino en los diferentes significados de palabras muy importantes, que han desembocado en la mayor parte de nuestra situación medioambiental y de aprovechamientos en la actualidad navarra. Estas palabras, antes livianas de significado, en manos de aquellos que han sabido manipularlas para lograr sus propios objetivos personales, políticos o ideológicos, han acabado cambiando y adulterando su significado primario y de orden social.
Esta degradación real e hipócrita de la caza, de la mano de aquellos que se hacen llamar “escritores” que escriben acerca de algo que desconocen, liberados que buscan la bandera de la subvención y todos aquellos que, en vez de sumar y generar, restan y destruyen, dilapidan parte de unos valores que nos han traído hasta aquí. Medio ambiente, naturaleza, caza, pesca, aprovechamientos, derechos, goces, reales, disfrute, comunal, y tantas otras, forman parte de este elenco maltrecho para su propio significado.
En Navarra, son muchos los factores que han llevado a los aprovechamientos y derechos de los comunales a la mayor de las tragedias y desamparo en lo administrativo y social. La pérdida del valor social de la caza viene dada, entre otros muchos factores, por el nulo conocimiento y transmisión de lo que supuso para quienes la vivimos de primera mano, no ya como método de vida, sino como punto de unión y único esparcimiento familiar y social.
Si pusiéramos en una balanza el fuerte legado familiar y social de la caza y lo utilizáramos como conocimiento exportable, contra el sistema actual de progresismo, móvil, inactividad, redes, y sobre todo, falta de valores humanos y comunicativos, veríamos cuál es el que necesitábamos e inclinaba dicha balanza. El departamento de medio ambiente en Navarra, amparado en dichas nuevas corrientes y políticas basadas en el desconocimiento total del medio, nos ha traído al peor de los resultados en el concepto medioambiental.
Debe haber responsabilidades políticas, humanas y personales por una carrera que dura 35 años y que sume a Navarra en la comunidad peor en cuanto a aprovechamientos naturales. En el otro lado está Bardenas Reales, un territorio que podría estar al margen de esas restricciones debido a su singularidad y marco propio regulatorio y que, debido a su actual dirección, anclada en líneas que poco o nada tienen que ver con la cesión de Bardenas a los pueblos, promociona y proyecta nuevos usos como el turismo en clara discriminación de un derecho real como la caza.
Estamos ante la necesidad inminente de progresión que muchos países en el mundo han proyectado, defendido y mantenido, como es la caza, como bastión de riqueza y cultura dentro del sistema social. Francia con un partido político exclusivo de cazadores en Europa, Portugal con varios parlamentarios y qué decir de Estados Unidos o países nórdicos donde la caza es pilar fundamental de ingresos y viajes.
Necesitamos estar unidos como colectivo, sobre todo para cortar y vencer las corrientes actuales faltas de conocimiento y capacitación acerca de lo que es y puede ser la caza, en la gestión de recursos y medio ambiente. Solo así podremos asemejarnos a comunidades como Aragón o Castilla y León que hacen política de aprovechamientos a nivel europeo. Mientras en Navarra las especies alóctonas dignas de fotografía y caravana progresan, además de parques y reservas destinadas a nuevos usos, nuestras especies autóctonas como perdiz y liebre, en una línea clara de restricción y falta de recuperación, se extinguen, pero eso es igual.