Soy ya viejo, pero tengo la sensación, de que sigo vivo y activo en mis vivencias, porque me siguen enfadando las actitudes caciquiles que antes tenían los grupos de derechas, y hoy también los actuales que se titulan de izquierdas. De los de derechas, entonces, se podía esperar este tipo de comportamiento, pero no de los actuales de izquierdas que con excusas de convertirnos y de aplicar su religión política, son capaces de las mayores tropelías, de profanar y manipular las instituciones garantes de nuestra democracia.
En realidad, siempre he estado comprometido, pero casi siempre independiente de grupos de poder, lo cual tiene la ventaja de la independencia y de no estar al servicio de nadie, pero también el inconveniente de la poca eficacia, al no ser impulsado por organizaciones de poder, incluso intentan silenciarte si eres incómodo en tus manifestaciones. Me siento un humilde francotirador y como mayor eficacia personal, es la tranquilidad de mi conciencia, con los baches lógicos producidos por las crisis en las que te embarras y tienes dificultad para salir del charco. Lo que nunca pueden faltar son las ganas de luchar, de desembarrarte, de salir de la situación. Se consigue salir además con enseñanzas, que servirán para vadear el próximo obstáculo.
Crecer no es sentarse en la estación observando como pasan los trenes. Ni ser cartujo con votos de fidelidad a ninguna religión política o religiosa. Dependerá de quien, y cómo las lideren y del momento histórico y social. Hoy, los votos perpetuos a siglas solo enlentecen el progreso, porque siglas e ideologías justas con frecuencia se van degradando por la toma del liderazgo por oportunistas, tramposos, trileros, incluso organizaciones de poder. Creo que estamos en un momento especialmente significativo.
En la vejez se sigue creciendo en el juicio ponderado de todo. Todo se relativiza, aunque no quiere decir que nos acomodemos a los problemas, sino que el enfoque es más sosegado, pero la conclusión no tiene por qué ser más conservadora.
No crecen los no críticos, los que siguen cristalizados, o más bien dominados o dormidos en sus logias políticas. El dominio es un entramado de actuaciones en post de un ideal que puede ser justo, pero que para conseguirlo ha habido actuaciones no éticas premiadas con favores, puestos de relumbrón bien retribuidos e incluso óbolos, que los han atado para siempre y han hipotecado su libertad, además de su dignidad. Muchos en un mecanismo de autodefensa psicológica, han adormecido su conciencia y e incluso se convierten en manada entusiasta. Conozco bien el tema.
La vejez es una etapa rica, reflexiva, sabia, si se ha pasado por la vida con los ojos abiertos, asumiendo los fallos. Si se tiene la sensación de que se sigue estando “vivo”, con todo lo que implica: sentido crítico, proyectos, responsabilidad como ciudadano, aceptación de lo que el futuro depare de irremediable; con conformidad, serenidad, capacidad de observar, de sintonizar con la naturaleza y con todos los seres vivos. Y si no has sido siervo, como no pocos de los mamarrachos y mamarrachas que en su momento se auparon en el poder y ya no han se apeado de él. Se creen merecedores porque en un tiempo lucharon limpiamente, pero gozaron de las mieles y ya por eso se creen merecedores a perpetuidad de dicha actitud soberbia y supremacista. Actualmente, aunque camuflados, solos les motiva su posición de privilegio oculto o disfrazado. Mientras, han sido testigos y cómplices de la descomposición en la práctica de unos ideales justos que con su silencio han ayudado a pervertir. En realidad, han hipotecado su dignidad.
También nos queda, a mí al menos, la sensación de mirar con indulgencia, a veces después del cabreo que sentimos, a la serie de cretinos que pululan alrededor de los poderes políticos de turno. Aunque a veces puede más el cabreo que la indulgencia, porque su torpeza, prepotencia y avaricia, influyen en la vida de mucha gente.
En este momento en la etapa final de mi vida, me siento sereno, con la conciencia tranquila porque he sido consecuente; me pude montar en muchos trenes de poder y no lo hice por convicción. También me siento decepcionado y enfadado por la deriva de las personas que representan unas siglas justas, que han defendido la justicia social, aunque bien es cierto que su prédica y su praxis no han sido siempre lo que representan, porque en los puestos de relumbrón que han ocupado cuando les ha tocado gobernar se han comportado con frecuencia con prepotencia, injusticia, favoreciendo además a los ricos de siempre.
En el momento actual estamos en la zona más baja de declive. A mi juicio, nuestra democracia está en serio peligro.