Opinión

Vacaciones e inestabilidad

¡Claro que somos inestables! Individualmente y como parejas. Tenemos nuestra estructura psicológica con cierta capacidad de adaptación, aunque no siempre. A veces, nos surgen circunstancias o estamos empecinados en posturas que en ese momento consideramos importantes y no somos capaces de analizarlas en otras perspectivas, seguramente porque no nos interesa, o porque rompen esquemas sólidos de nuestro andamiaje de conceptos. Es frecuente, a veces como excusa, en desencuentros de parejas.

Nuestra posibilidad de adaptación es muy distinta, incluso distinta en los mismos individuos a lo largo del tiempo. El crecimiento personal lleva consigo madurez y capacidad de análisis de las circunstancias, y el abanico se amplía con la experiencia, con la reflexión, con la lectura, con el sentido de responsabilidad para analizar las situaciones.

Pero la vida es así; es importante admitirlo. Con cierta frecuencia nuestro equilibrio, más o menos estable, se tambalea y precisa un reajuste.

Las “Fiestas”, las vacaciones, son fases de tregua, pero también ponen a prueba la relación de “pareja”. En tiempo normal manda la “rutina” en ambos, con sus trabajos, la atención a los hijos, las aficiones, que compensan de alguna manera los desencuentros.

Las vacaciones son un periodo especial de convivencia. El resultado no tiene por qué ser negativo, al contrario, puede ser positivo por estar más relajados y tener tiempo para abordar sosegadamente los problemas y desencuentros. También, para decidir una separación civilizada si no hay solución.

Felices fiestas y felices vacaciones juntos.