La utilidad, como motivación primordial en el comportamiento personal es la antítesis de los ideales, aunque a veces pueden coincidir. Tanto el principio de utilidad, como seguir el dictado de ideales, suponen el motor de todos nuestros actos, aunque tal vez haya actos neutros, pero analizándolos bien, al menos no tendrán motivaciones negativas, lo cual ya se puede considerar como positivo. La neutralidad, también es una opción.
El motor fundamental de casi todos nuestros actos es la utilidad. Debemos asegurar, o al menos intentarlo: la vida, la subsistencia, y la seguridad nuestra y de nuestros seres queridos; serán actos guiados por el principio de utilidad, imperiosos, que requieren pocas dudas. Después, muchos, con más o menos compromiso, nos motivaremos por defender los grupos sociales a los que pertenecemos: pueblo, estado, nación, etc. Muy importante, también, la implicación personal en intentar que nuestro grupo social, nuestra nación, nuestro país, vaya por derroteros justos según nuestros valores. Hay muchas personas que han dado la vida por su patria, y muchos, sus desvelos y esfuerzos. La motivación es por ideales. Habrá rangos, en que la valoración será subjetiva, y, por tanto, difícil de predecir.
Los ideales nos engrandecen como seres humanos, capaces de invertir esfuerzos, desvelos, incluso riesgos físicos, incluso la vida. Se caracterizan por un desgaste personal, un esfuerzo, unas metas, que no conllevan, en general, beneficios personales, sino la consecución de un teórico ideal, o bien para el país o para la mayoría de los ciudadanos. No tiene nada que ver con el fanatismo, que pueden perseguir lo mismo, pero sin un objetivo maduro y reflexionado; más bien los fanáticos son psicópatas, utilizados por otros psicópatas más listos que no se exponen.
Hay búsqueda de utilidad reflejas, que no es preciso alimentarlas, como la búsqueda de alimento, protección, etc., y otras que hay que haberlas interiorizado y potenciado psicológicamente. Es lo que hacen los grupos que luchan por ideales. Incluso los terroristas que revisten de ideales sus objetivos;los sacralizan. Para matar en un atentado, supongo que es preciso ser un psicópata, motivarse muchísimo, revestirse de imperativos pseudomorales objetivamente perversos, pero no para ellos, que los revisten y blanquean convirtiendo a viles asesinos en héroes. En cualquier mente equilibrada sería imposible, pero se valen de personas de bajo nivel intelectual y moral, y sobre todo de tarados psicológicamente.
Una vez conseguido lo necesario se lucha por lo superfluo, y ahí ya se pueden hipotecar ideales y prevalecer el componente de utilidad, ya frivolizado, porque va haber una valoración subjetiva muy importante y se van a perseguir objetos, posición, poder, estatus, etc. no necesarios, incluso en el caso extremo se va a hipotecar la propia dignidad por conseguir un estatus o bienes materiales.
Cuando hablamos de utilitarismo nos referimos más bien a los comportamientos entre los componentes del grupo social al que pertenecemos como seres humanos. En los momentos de esplendor social, con valores, primaría los comportamientos referidos. En los momentos de crisis como el actual, prima el individualismo, y por tanto el principio de utilidad personal frente a otras opciones. Ahí existe un componente subjetivo y el grado de que la utilidad sea el único norte dependerá de las personas concretas. Socialmente es negativo, porque la sensación de grupo se diluye, desaparece y prima el principio de mayor beneficio personal con pocas o ninguna traba autoimpuesta, teóricamente solo las coercitivas, como pueden ser las leyes.
El principio de utilidad es necesario individualmente para preservar la vida, aunque en determinadas situaciones seríamos capaces de darla por personas que queremos e incluso por defender ideales.