Tolerancia y derechos
Derechos, son una serie de prerrogativas que se reconocen a un grupo por el hecho de pertenecer a él. Como ejemplo paradigmático, el reconocimiento de los derechos universales, como el respeto a la vida de todos los seres humanos.
La tolerancia no tiene imperativo. Es algo que individualmente asumimos a determinadas personas o grupos. Dichas cualidades, pueden llegar a constituir derechos si después de reflexión, de la costumbre, de un plebiscito, o porque se cree necesario para preservar el bien de la mayoría o de minorías, se plasman en leyes. No es lo mismo tolerancia, que respetar un derecho. La tolerancia es una opción individual, aunque en muchos casos muy positiva. Respetar un derecho es un imperativo legal.
En este momento, decir que se tolera la homosexualidad y el matrimonio homosexual, por ejemplo, o cualquier otro tema que en su momento fue problemático o discutido, no es suficiente. Tolerar es un acto de voluntad del que lo observa, es como si se hiciera un favor a la persona homosexual en este caso, cuando, sin embargo, lo que tiene es derecho a ese respeto, sin necesidad de la tolerancia del otro. Esto es muy importante. Por eso, determinadas situaciones, deben convertirse en leyes, aunque no esté avalada por la mayoría, incluso para impulsar su aceptación. La homosexualidad es natural, es una variante sexual con la que se nace. Tienen el mismo derecho a ejercer su tendencia como cualquier ciudadano y ciudadana. La discriminación debe ser penada.
También son derechos, que los ciudadanos no sean engañados por sus gobernantes para seguir conservando el poder. Es algo habitual que estamos viviendo. Es una forma degradada de ejercer el poder. Los poderes están ocupados por tahúres disfrazados de idealistas, utilizando palabras sagradas que todos aceptamos, como democracia, justicia social, derechos, etc. La prédica de muchos políticos utiliza sin pudor estas palabras cuando su praxis es totalmente contraria. Las utilizan para embridar a la población y conseguir su voto, pero su práctica es mentirosa y va encaminada fundamentalmente a conseguir o conservar el poder para servirse de él. La historia es recidivante con personajes que han arrastrado a las masas con este tipo de consignas y han ocasionado desastres, guerras y muertes.
En nuestro país estamos en un momento muy grave. La clase política en general es muy mediocre y trilera. La compra solapada de los medios de comunicación es otro sistema importante para intoxicar a la población
Muchos políticos no son personas de fiar. Unos, como los de derechas, cuando delinquen y hacen actuaciones deshonestas, suelen ser conscientes de su proceder, al menos al principio, aunque si se les denuncia intentan por todos los medios escaparse “de rositas”. Los de izquierdas degradados, son más sibilinos; se sienten redentores, y que su gran sacrificio es llevarnos a todos a su sistema maravilloso y justo donde, por supuesto, ellos son los príncipes y los amos del gallinero; se permiten una y mil licencias escabrosas, injustas e ilegales porque en su consigna interior como grupo, defienden que lo hacen por nuestro bien, y ellos y ellas se merecen ciertas recompensas.
En ocasiones, los grupos extremistas, se permiten la violencia e incluso el asesinato. Las dictaduras de derechas y de izquierdas utilizan el mismo mecanismo. La historia es testigo y ha demostrado sobradamente los crímenes que han cometido unos y otros. La estructura psicológica de los dictadores de derechas y de izquierdas es muy similar, nos tratan de salvar a todos y si es preciso asesinan al discrepante. Es lo que hizo la Inquisición en su momento, las cruzadas, los nazis, las dictaduras de izquierdas y de derechas, etc., la lista es larga y actualmente está en activo. La educación alienante es para ellos fundamental. En definitiva, educación basada en la coacción intelectual para asegurarse el poder durante generaciones.
Los sistemas de gobierno deben ser limpios, primando el mérito, la justicia social, la igualdad de oportunidades, y asegurando una vida digna para todos. Solo lo pueden hacer personas rigurosamente honradas, con ideales, justas y capaces.