La decepción es una cadena. La misma decepción una y otra vez de las mismas personas, por los mismos ideales ultrajados que un día fueron su bandera, tras los cuales ocultaban su avaricia, su ilusión de llegar a poderes para formar parte de la casta privilegiada, todo ello, adornado de poses, aseveraciones, principios e ideas lustradas y brillantes de catecismo progre, tras los que escondían su avaricia y ambición de poder, como han demostrado en su trayectoria.
La mayoría cambiaron de clase social, revestidos de progresistas, aunque han resultado progresistas de peana. Para conseguirlo se apoderaron de los puestos claves en partidos que buscaban materializar ideales nobles con su prédica, y como objetivo: la justicia social. Pero cuando olfatearon los órganos de poder y puestos influyentes, en una estrategia diseñada en los despachos se apoderaron de puestos claves y se convirtieron en un grupo corrupto, totalitario, que persigue el poder para gozar de él, fundando su progresismo en gestos para la galería. Ellos y ellas no lo saben, creen que se lo merecen, incluso se creen héroes y heroínas; son supremacistas morales.
Ya no importaron los ideales. El objetivo principal fue conseguir el poder a toda costa, utilizando métodos aviesos y después mantenerlo a toda costa.
En su momento, por sus manejos y sus beneficios en óbolos de diverso tipo, determinados militantes han sido cómplices, unos activos y otros con su silencio, de la degradación y corrupción de sus ideas e ideales por los protagonistas actuales, a los que siguen defendiendo porque lo contrario sería renunciar a sus privilegios. Se justifican por su militancia, vendiendo su conciencia y su honradez. Están unidos por procederes tramposos inconfesables en que fueron banda organizada para conseguir determinados objetivos. Tienen mucho que ocultar, y no tienen libertad de conciencia. Este es el argumento fundamental que encadena como las sectas o las religiones fundamentalistas. Lo disfrazan de héroes y heroínas y justifican todos sus trapicheos no bajándose del pedestal de héroes sacrificados. Creo que no se miran en los espejos porque los inteligentes no podrían sostener su propia mirada.
Actualmente están todos hermanados compuestos y atornillados por sus manos unos a otros como en el juego del “corroncho de las patatas” que jugábamos de niños. En este momento, algunos y algunas, utilizan el silencio para intentar pasar desapercibidos y no se manifiestan en foros públicos. Saben que en su ambiente los conocen y están amortizados. Todos tienen que ocultar sus favores, sus mamoneos de entonces y de ahora. No tienen limpieza moral para criticar lo que está sucediendo en su partido al que van a dejar manchado y desmembrado para muchos años. Hasta que llegue nueva gente sin “pecado original” que lo limpie y lo vuelva a hacer brillar con todo su esplendor, como merece. Lo agradeceríamos muchos ciudadanos, pero el momento no parece estar próximo. Aunque el hundimiento actual, por las miserias y las bajezas de que están siendo capaces, puede no estar muy lejano en el tiempo. Entonces, intentará colarse alguno y alguna de los que ahora callan.
Lo cierto es que en el momento que vivimos la política no es limpia y los partidos están contaminados por personas escasas de ideales, domesticadas, asumiendo que en política el juego sucio es necesario para conseguir los fines teóricamente beneficiosos y justos para la sociedad. Es una falacia. De esa cumbre de equilibrio, fácilmente con la excusa de la eficacia, resbalan a valles sombríos donde está la cueva de Alí-Babá, y así se llega a pudrideros como está sucediendo hoy en nuestro país con la excusa de ideales. Muchos ciudadanos, se acostumbran y aceptan que “la política es así”, asumiendo la corrupción y el mamoneo de unos y de otros, incluso para ocultar trapos sucios que también tienen en ocasiones a pesar de ser rivales.
Para los ciudadanos conscientes, lejos de acostumbrarnos, aunque es lo que intentan, la decepción es cada vez, más decepción. Te sientes atenazado por las mismas cosas que ya sabes de siempre que te han decepcionado y que, cuando el dolor ha amainado, las ocultas con enjuagues de resignación. No con autoengaños de que todo cambiará; que vamos a ser capaces de comunicarnos en otros registros, aunque superficiales y vacuos en que no hace falta hablar el mismo idioma, pero, para tu idioma está perdida la comunicación. En definitiva: “resignación”.
La vida que queda es corta. La decepción seguida de cadenas de la misma decepción, es como intentar sacar agua de un pozo que siempre ha estado seco del agua que necesitas.
Solo queda la resignación que es el mayor de los fracasos.
Es deber de las generaciones actuales y futuras: hacer limpieza. Que los partidos políticos estén regidos por personas capaces y con ideales de justicia social, que estén dispuestos a dialogar, que su objetivo no sea el poder por el poder, sino conseguir una sociedad justa y solidaria, donde no se deje a nadie por el camino, donde esté asegurada una vida digna para todos, donde se premie el mérito y la valía, donde esté penado el beneficio fácil sin frenar el estímulo. Sobre todo, donde a los embaucadores que copan los partidos políticos y corrompen la política se les maldiga. Por muchas menos maldades hay personas en la cárcel.
Como fundamental, que las Instituciones garantes de nuestra democracia como el Poder Judicial, el Tribunal Constitucional, las Fuerzas Armadas, sean totalmente independientes y no sean elegidos por los partidos políticos.
En el momento actual vivimos en pseudodemocracias, en democracias manipuladas por los partidos políticos, por grupos de poder económico, a veces conchabados ambos, que lo que persiguen es el manejo de las instituciones según sus intereses.
Detrás de los partidos políticos, también los de siglas cuyo objetivo es la justicia social, hay poderes económicos importantes. Su objetivo es el poder, para lo cual invaden todos los sus órganos, y los medios de comunicación para manipular a la población. Vulgarmente, en realidad son “bandas” de delincuentes de cuello blanco, con un fin muy definido, que es copar el poder, por el poder.