Opinión

Aborto

Hace tiempo, una compañera médico, al hacer la historia clínica a una paciente, preguntó, como siempre se hace, por antecedentes personales de enfermedades, intervenciones, hijos, etc. Dicha paciente además de otros procesos que había sufrido, informó que había sido intervenida en tres ocasiones de abortos provocados. Mi compañera le preguntó si tenía alguna enfermedad especial que podía trasmitir o poner en peligro su propia vida, o la malformación del feto, o si tenía alguna razón para no tomar anticonceptivos. La paciente le informó que no tenía ninguna deficiencia, ni ninguna causa orgánica que le impidiese quedarse embarazada y tener hijos. Y, enfadada y airada, le espetó a mi compañera: “quién cree Vd. que soy yo para tomar anticonceptivos”, considerando ese hecho como moralmente reprobable. La mujer le explicó que consideraba, no sé si por su cultura o su entorno, moralmente negativo tomar anticonceptivos, sin embargo, no le producía ningún problema de conciencia provocarse abortos repetidos.  

En nuestro país está aprobada la ley del aborto. Regulada por la Ley Orgánica 2/2010 y reformada en 2023, permite la interrupción voluntaria del embarazo libre hasta la semana 14 de gestación para cualquier mujer mayor de edad, sin necesidad de justificación. Las menores de 16-17 años pueden abortar sin consentimiento paterno desde la reforma de 2023. 

Estamos reflexionando como tema a debate, impedir que nazcan seres humanos ya engendrados, por una decisión de los padres, fundamentalmente de la madre. A las personas que lo condenan les tildan generalmente de conservadoras, y a las personas que lo defienden de progresistas. No estoy de acuerdo con dichos calificativos habitualmente utilizados en política, a veces de forma muy superficial y ligera. El tema es serio y debe tener una fundamentación

Un óvulo fecundado después del coito, anida en el útero entre el sexto y décimo día, y en ese momento tiene una probabilidad alrededor del 35 % de que llegue a un embarazo terminal y al parto de un nuevo ser. Los anovulatorios, y el resto de los métodos que impiden la fecundación no presentan a mi juicio ningún dilema moral. No solo eso, sino que los métodos que impiden la fecundación deben estar al alcance desde la adolescencia. Me quiero referir al aborto como método anticonceptivo.

Considero que la gran protagonista en este dilema debe ser la mujer, y por tanto la que debe decidir. Ella pone la parte más importante para que nazca ese nuevo ser: pone su óvulo al que fecunda uno de los millones de espermatozoides de la eyaculación masculina; todos los demás desaparecen. Ella es con seguridad la única protagonista de la gestación, y a mi juicio la única que tiene el derecho de decidir, que puede compartir si lo considera, con su pareja, con su familia, o con sus allegados.

Considero que el Estado debe primar la gestación y, si alguna mujer decide abortar, garantizar que lo haga en las mejores condiciones, pero la posición oficial debe ser favorecer la natalidad. Inmediatamente después del parto el nacido o nacida, son ya ciudadanos y por tanto objeto de protección por el Estado. Hasta entonces es la madre la que decide y no debe ser penada. Pero el aborto considero no se debe tratar como “método anticonceptivo” al uso. Hablar de progresismo defendiendo el aborto como método anticonceptivo es una banalidad y creo que nos embrutece como seres humanos. 

Sin embargo, desde el momento del parto el nuevo ser ya es ciudadano o ciudadana, y por tanto “Ya” objeto de protección por el Estado. No se puede atentar contra su vida (sería un delito) sino darle la mejor asistencia posible para que sobreviva. 

No estoy de acuerdo en banalizar el tema de aborto, y utilizarlo como método anticonceptivo. Acepto el aborto, en casos de riesgo para la madre y de malformaciones del feto. 

Por otra parte, los anticonceptivos, deben estar al alcance fácil de las mujeres, incluso de las más jóvenes, desde que deciden tener relaciones sexuales. La pastilla del día después es un método positivo para relaciones sexuales imprevistas. Insisto, el aborto no debe ser un método anticonceptivo habitual. Las mujeres que decidan abortar no se las debe penalizar sino ayudarles a hacerlo en las mejores condiciones posibles. El problema de conciencia es de ellas. Insisto, desde el momento del parto es ya ciudadano o ciudadana con derecho a protección por el Estado.