En los meses de Noviembre y Diciembre del año pasado, presenté ante el Ayuntamiento de Cabanillas sendos escritos solicitando la anulación de dos acuerdos, a mi juicio ilegales, relativos uno a la presunta cesión arbitraria de bienes comunales a una empresa, y el otro a la posible concesión de una licencia urbanística irregular para la instalación de una actividad industrial en terreno de dominio público.
No me han contestado.
Como interesado en los procedimientos, pregunté tiempo después en qué estado de tramitación se encontraban.
No me han hecho ni caso.
En el mes de Enero pasado he solicitado a este mismo Ayuntamiento que me facilitase el acceso a cierta información pública relativa a unos contratos sospechosos de favoritismo. También solicité que dicha información se publicara en su Portal de Transparencia.
Silencio otra vez.
El pasado tres de Marzo solicité información acerca del estado en que se encuentra el cobro de una deuda que cierta empresa tenía con Cabanillas en concepto de canon por ocupación de terrenos y de los intereses devengados. La cantidad podría rondar los doscientos mil euros.
Sin respuesta.
El día veintiuno del mismo mes advertí al Ayuntamiento que todo el contenido de mi carpeta ciudadana, en su Sede Electrónica, había desaparecido.
Como si nada.
Aparte de todo esto, conseguir copia de actas de sesiones plenarias municipales se ha convertido para mí en una aventura.
Soy un vecino muy curioso al que la Ley ampara. Quiero conocer la verdad y lanzarla a los cuatro vientos para que todos la sepan.
Enfrente tengo a un Ayuntamiento que dispone de esa información, está obligado a mostrarla, pero quiere mantenerla oculta a toda costa usando la técnica de “esto no va conmigo”.
¿De qué tienen miedo? ¿No les gusta que se sepa la verdad? ¿Tan incómoda es para ellos?. Con su silencio no hacen sino fomentar las más delirantes especulaciones.
Cuando he preguntado, he criticado la gestión consistorial o me he interesado por algo, me han insultado públicamente, me han amenazado, me han llamado resentido, insociable y me han acusado de atascar la administración municipal. Como si estuviera haciendo algo reprobable al ejercer mis derechos. Parece que no les gustan los vecinos curiosos.
No tengo ni idea de quién es el responsable o la responsable de lo que está ocurriendo en materia de transparencia en el Ayuntamiento de Cabanillas, ni de quién ha decidido que al vecino Galindo se le aplique la Ley del Silencio, pero sépanlo: No voy a decaer.
La utilización viciosa por estos desaprensivos del mecanismo del silencio administrativo (que es garantía de los derechos de los ciudadanos en sus relaciones con la Administración) está dando lugar, por ejemplo, a que un vecino que solicita el acceso a una información pública en el mes de enero, entre pitos y flautas, con mucha suerte y enormes esfuerzos, pueda conocerla para Julio o Agosto, cuando ya esa información es más que añeja y en la mayor parte de los casos inservible para la finalidad a que va a ser destinada, que no es otra que controlar a los que gobiernan.
Pero lo peor de todo es que esta actitud pone de relieve una colosal falta de respeto a los derechos de los vecinos y contribuyentes, derechos que se ven pisoteados por los mismos que deberían protegerlos.
Se proclaman transparentes y participativos, pero no son ni una cosa ni la otra. Lo que más les pone es tapar la boca y censurar a aquel que les critica o no piensa como ellos. Son devotos de Chitón.