Desde hace unos días los que paseamos por los alrededores del camino de Serralta en Cabanillas hemos podido comprobar que nos falta un árbol.
En días calurosos, cuando vuelves del monte, y antes de acometer el último tramo de sol de plomo hasta llegar al pueblo, puedes parar un rato a la sombra de unos modestos chopos que alguien plantó algún día, alineados junto al borde del camino para alivio de caminantes. Cuando bajas aquella cuesta, barrida por la canícula, el alma se alegra a la vista de estos humildes árboles que llevan muchos años haciéndonos tanto bien.
Pero el chopo del camino estorbaba. Estorbaba y había que cortarlo. Técnicamente era un obstáculo para el paso de un gigantesco vehículo especial después de verificar los ángulos de curvatura, según dicen. Molestaba el paso de los camiones que nos traen las energías verdes y sostenibles y que han llenado nuestros pueblos y nuestros montes deterror estético y montones de chatarra.
El chopo del camino ha corrido la misma suerte que van a correr muchos otros árboles en el monte de Cabanillas en estos meses de verano.
Talados y cortados a rodajas servirán, al menos, para calentar a alguien en el invierno.
Este es el primer paso. El primer paso para luchar contra el calentamiento del planeta y contra el cambio climático es matar pájaros y cortar árboles que llevan tantos años regalándonos su rica sombra.
Creo que nos estamos volviendo un poco locos.