Hace cosa de dos meses un concejalín, aspirante a sustituto de ayudante de sexto teniente de Alcalde de un pueblo de aquí cerca, cocinerito tamborilero en sus ratos libres, que deben de ser muchos, salió en este medio difamando a un vecino y, como es costumbre en La Casa, intentando enmascarar con la anécdota irrelevante, el fondo sangrante.
El papelucho, redactado en un estilo ordinario y ramplón, se explayaba en las supuestas costumbres poco edificantes y miserias de un vecino que había señalado días antes el lamentable estado de degradación de las tierras de Serralta y San Gregorio. Ni desmentía lo dicho con argumentos, ni traslucía que el autor poseyera un mínimo de información, indispensable en quien se lanza al vacío con tanta alegría como el susodicho.
Cocinerito dime.
Ese panfleto que vomitaste el otro día ¿Es de tu cosecha o te lo han inspirado otros u otras que te usan de vocero porque no quieren dar la cara y explicarse?
¿Puedes decirme, cocinerito, cuándo hemos merendado juntos tú y yo, para que conozcas con tanto lujo de detalles toda mi vida y milagros?
¿Acaso no es cierto, cocinerito, que en los años noventa del siglo pasado el Ayuntamiento de Cabanillas cedió ilegalmente y sin desafectar, a una empresa privada, unos terrenos comunales faceros y que, desde entonces, tal como reconoce la misma empresa, que paga tarde y mal, esos terrenos se están degradando para vergüenza de los que nos administran?