Opinión

Luz, cierzo y huerta

Cuando llegué a Tudela por el año 1973 de Éibar hubo varias cosas que me sorprendieron. La intensidad de la luz del sol, el cierzo, el desierto, ver animales de carga a la vez que tractores y personas que se echaban al hombro una pequeña alforja, para traer a casa la verdura que recolectaban de su campo, primorosamente cuidado, más parecido a un jardín que un huerto propiamente.

Todo ha evolucionado desde esos años, sin embargo algo ha permanecido y es que tenemos la enorme suerte de contar con tiendas que nos venden los productos recién cogidos del campo.

Es un valor añadido a las buenas cosas que tiene esta Ribera. Y conviene recordar que toda la ribera desde la zona media hasta algunos pueblos de la cercana Aragón, compartimos las delicias de la huerta. Eso nos hermana y une en un sentido de arraigo, pertenencia.

Y todo esto que nos procuran las personas que cultivan las tierras, viene en ese momento del calendario en que despierta la naturaleza del letargo invernal, cada vez menos frio y con más agentes climáticos que provocan desastres enormes para las personas. 

Pero no nos pongamos melancólicos, porque hoy hablamos de fiesta, fiesta de comida, esa que une sabor, trabajo bien hecho y excusa para juntarse con las personas que quieres y compartir una mesa, una barra de bar, una peña o lo que tercie. Sin embargo, la vida, la economía, los intereses a veces nos pueden dejar menos espacio, para estos buenos momentos. 

Cuando el canal de Navarra llegue a la Ribera, espero y deseo que se redoble la oferta, la diversidad y la posibilidad que el tesoro que supone tener ésta tierra tan generosa, haga que las personas permanezcan y sigan trabando este jardín que es la Ribera.

Qué decir de lo que ha supuesto para todos nosotros que, las delicias de la huerta lleguen en forma de filigrana a las mesas de bares y restaurantes, de la mano de las gentes que saben trabajar el producto. Porque unas alcachofas con un poco de jamón son deliciosas, pero cuando la mano experta toca cualquier producto, lo convierte en arte.

Por tanto, es fundamental reconocer la importancia de la tierra que tenemos, trabajar desde todos los medios que se pueda y son muchos, para que, en la Ribera, las personas, las empresas y la economía ligada al territorio, sean un valor de primer orden. Para terminar, decir que me parece un enorme acierto, abrir la competición, por llamarlo de algún modo, que confraternicen los de aquí con los de allá desde la diversidad y el hermanamiento nos sigan haciendo las delicias de ese manjar que es el pincho. Suerte para quienes habéis ganado éste año el concurso e ir preparando los fogones para la próxima edición.