El teletrabajo: una cuestión de confianza
En 2020, el confinamiento debido a la pandemia provocó un aumento inesperado en el uso del teletrabajo. En unos meses, muchas empresas implementaron modalidades de trabajo a distancia que afectaron, en ocasiones, a casi a la totalidad de la plantilla. Se denominó el “boom” del teletrabajo.
El teletrabajo durante la pandemia tuvo características únicas. Se llevó a cabo de manera abrupta y sin una adecuada preparación, dada la urgencia, y en un contexto en el que los centros educativos permanecían cerrados, por lo que niños y personas dependientes compartían espacios con quienes trabajaban desde el hogar. Esta experiencia demostró que la tecnología estaba más que lista para permitirnos llevar a cabo muchas funciones organizacionales a distancia.
Asimismo, los trabajadores aprendimos a utilizar herramientas de videoconferencia y otros servicios que facilitaron el trabajo en remoto. Los líderes y mandos intermedios, por su parte, aprendieron a adaptar su forma de dirección para dirigir equipos distribuidos en diferentes ubicaciones físicas.
Sin embargo, cuatro años y medio después, se observa un notable retroceso en la implantación del teletrabajo y el trabajo híbrido. Según una noticia publicada recientemente en la prensa, un 55% de las empresas españolas ha vuelto a un modelo presencial, la cifra más alta desde el auge del teletrabajo durante la crisis de la COVID-19.
¿Qué razones explican esta realidad? En una economía de servicios, cabría esperar un avance progresivo del teletrabajo, especialmente del modelo híbrido que combina días de trabajo en la empresa con días de trabajo desde otras ubicaciones. Al mismo tiempo, los trabajadores han manifestado su preferencia por esta combinación del trabajo en la oficina con el trabajo desde el domicilio.
Entonces, ¿por qué no se está produciendo? Muchas investigaciones apuntan a razones relacionadas con la cultura organizativa y el estilo de liderazgo. Si la dirección se basa en el control, resulta más fácil supervisar cuando los empleados están físicamente presentes. En definitiva, estamos ante una cuestión de confianza. ¿Confiamos en nuestros trabajadores? ¿Son merecedores de esa confianza?
Para cambiar la situación, es necesario trabajar en la cultura organizativa, desarrollar una visión compartida del proyecto de la organización, y adoptar un modelo de liderazgo que se alinee a estos principios. Además, es crucial el compromiso de la organización con los trabajadores, y de los trabajadores con la organización.
Todo esto, con el objetivo de integrar productividad y bienestar. ¿Parece una quimera? Personalmente, lo considero una meta por la que merece la pena seguir luchando.