Violencia Vicaria, también llamada violencia por sustitución, es aquella que ejerce un padre, madre o pareja hacia el otro cónyuge a través de lastimar, separar e incluso matar a sus hijos. Es una violencia secundaria a la víctima principal.
El maltratador tiene claro su objetivo: su pareja y, a partir de ahí, maquina cómo hacerle el mayor daño posible.
Es sabido que cuando te matan, mueres una vez; cuando hieren a tus hijos, en cualquiera de sus formas, mueres todos y cada uno de tus días.
Hace unos días recibíamos la triste noticia de un nuevo suceso de violencia machista vicaria, un niño de dos años había sido asesinado por la pareja de la madre en Linares (Jaén).
Desde 2015, fecha en la que se comienzan a registrar estos datos, los números de menores asesinados han sido setenta y tres. El niño de Linares es el número nueve de este año 2024.
No sé si nos podemos meter en la psique de un maltratador para desentrañar qué mecanismos psicológicos le llevan a cometer tales niveles de violencia. Quizás piense que el fin justifica los medios; que la violencia le va a mitigar su ira, que se va a sentir resarcido sabiendo el dolor que está ejerciendo. Una vía de escape a su frustración. Cumplir la promesa de “mía o de nadie”, palabras que se dicen y en algún momento se traspasa la línea y se ejecutan.
Prevenir estas conductas requiere hablar de “Habilidades Vinculares”. Entender el mundo de las emociones va ligado a entornos de crianza donde se creen relaciones de confianza y de vínculos. Entornos donde aprender a gestionar lo que sentimos: lo que nos hace reír, llorar, enfadarnos. Elevar nuestro nivel de tolerancia a las frustraciones, saber salir y entrar del mundo de las emociones a través de nuestro cuerpo y nuestra mente (como nos enseña la neurociencia), hoy sigue siendo una asignatura pendiente en muchos hogares.
Recordando a los niños, niñas, jóvenes, hijos e hijas que no tendrán una nueva Navidad. A las madres que no tendrán “Vida” por el puñal de la violencia machista vicaria.
No hay palabras para tanto dolor y a pesar de ello, utilizo las palabras para decir:
“Ni una más”.
“NI UNA MÁS”