El trípode en el que se asienta la vitalidad en la jubilación

Cuando estás transitando una determinada etapa de tu vida todo a tu alrededor se confabula para que, mires donde mires, a todo el mundo le pasa lo mismo.

Me pasó en mis embarazos, solo veía mujeres embarazadas.

Ahora, cercana a la edad de jubilación, el tema estrella de las conversaciones es si ya te has jubilado, si te vas a jubilar, cuándo y cómo.

Es un monotema que despierta el archivo de cosas pendientes y abre nostalgia y alegría por parte iguales. Nostalgia de los buenos tiempos vividos y de los años en que fuimos jóvenes e incluso adultos (jóvenes). Alegría por olvidar el despertador, el ritmo frenético de la vida laboral y por asomarnos a esos parajes idílicos donde todo es arena, mar, montaña y piña colada.

Los que están de vuelta de esa primera fase de la jubilación cuentan que, después de tomar tanta piña colada, ésta les producía ardor de estómago y tuvieron que volver al agua con gas. Y, consecuentemente, a la vida de siempre.

Prevenir el ardor de estómago, el tiempo y su vacío, el deterioro de la salud, pasa por asentar delante de nosotros un trípode donde sostener la vitalidad que, haciéndose la remolona, se describe a sí misma en estado de “pausa”.

La fuerza, el impulso de vivir, no se activan de forma automática. No hay sensores electromagnéticos que la estimulen. Sigue siendo una de las cosas que solo se conectan manualmente.

Las investigaciones científicas ya dan evidencias de que mi argumentación anterior es errónea dado que se puede activar el cerebro a través de ondas electromagnéticas y modificar su funcionalidad. Sin embargo, dado que no está al alcance de todos, mejor vamos a familiarizarnos con lo que tenemos a nuestro alcance, es gratuito y accesible.

Construirte tu propio trípode, al estilo de la franquicia sueca, pasa por ensamblar estas tres patas: curiosidad, propósito y hábitos saludables.

Curiosidad es el recordatorio de que, a pesar de todo lo vivido y acumulado, podemos despertar en nosotros las ganas de seguir aprendiendo. No solo observar, que también, sino crear, permitiéndonos hacer las cosas de otra manera.

Recordamos que, hubo veces que estuvimos muy motivados en alguna tarea (familia, trabajo, salud…). Y cuando las circunstancias cambiaron, dejamos de perseguir esos objetivos y se nos olvidó poner otra recarga. Un trípode sin propósito es como un desierto sin palmeras.

Y, por último, hábitos saludables. Hábitos adaptados, no una rastra de ejercicios o actividades en serie. Es momento de elegir, personalizar, darle tu impronta a tu rutina y hacer, de cada día, un único día.