Sororidad. ¿Realidad o utopía?

Si os pasa como a mí, la primera vez que oí esta palabra me dejó con cara de póker preguntándome: “¿soro... qué?”.

Y antes de que vayáis a Google a mirar su significado, decir que desde diciembre de 2018 está incluida en la RAE. Es un neologismo, es decir, una palabra de reciente incorporación que da voz a un sentir popular.

La palabra sororidad tiene origen latino: soror, que significa “hermana consanguínea”.

La acepción masculina de este hermanamiento femenino se encuentra en la palabra fraternidad.

En sentido amplio supone desde alegrarse de los logros que han conseguido otras mujeres y celebrarlo con ellas, hasta la solidaridad entre mujeres en la lucha por su empoderamiento.

Miguel de Unamuno, decano de la Facultad de Filosofía y Letras salmantina empleó, por primera vez, la palabra sororidad en letra impresa en el prólogo de 'La tía Tula', 1921.

A partir de la década de los años setenta diversas feministas y pensadoras empezaron a utilizar este término, tales como Kate Millet y Marcela Lagarde.

Llegados a este punto y despejadas ya las incógnitas de esta palabra os invito a una reflexión particular y conjunta sobre si, en la vida de cada una de nosotras, en nuestro día a día, somos mujeres sororas para otras mujeres o, por el contrario, somos mujeres egororas, cuya misión es eclipsar cuerpos celestes.

¿Realidad o utopía? Solo tú tienes la palabra.