Si fuera un acertijo, sería: “Quema como el sol, en invierno despierta, en verano duerme y cuando quieres nombrarlo se viste de Lord”.
El 23 de Julio se conmemora el Día Mundial del síndrome de burnout. También se le conoce como el síndrome del trabajador quemado, síndrome de desgaste profesional.
El desgaste profesional es un estado de agotamiento físico, mental y emocional provocado por estrés crónico en el trabajo.
Desde 2022 la OMS lo reconoce como enfermedad de trabajo (no médica general).
Es una fecha que va a pasar desapercibida.
En julio estaremos en modo vacaciones, fiestas patronales, y solo tendremos cabeza para repasar la maleta antes de coger el vuelo o vestirnos con ropa sanferminera para las vaquillas o las procesiones.
Sirvan estas líneas para que, antes de que apriete la calor, tenga su momento de protagonismo y reconocimiento como un problema de salud que afecta, en diversos grados, a más del 50% de la población laboral.
El verano, como el bronceador, hace de pantalla frente a los rayos ultravioleta del desgaste profesional.
Ya en septiembre, con la piel más curtida y el ánimo más sosegado, creemos que hemos vencido los malos humores previos a las vacaciones: fatiga crónica, dolores musculares, problemas gastrointestinales, migrañas, insomnio.
Octubre nos devuelve a la realidad. Lo que dejamos, nos encuentra y vuelve a abrirse la caja de pandora que, durante unos meses, había estado cerrada.
Nunca nadie pudo tapar el sol con una mano, excepción del eclipse solar total que podremos ver en la ribera el 12 de agosto.
Sí podemos buscar sombra con políticas adecuadas en prevención en salud laboral, creando entornos amables de trabajo y convivencia donde, no solo leer los protocolos de buenas prácticas, sino habilitar y capacitar entornos y personas que realicen su trabajo sin quemarse.