¡No me lo imagino!
Esta es la frase que se repite en mi cabeza después de conocer los hechos.
Lo escuché hace unos días. Ya se escucha en todas partes.
Un nuevo libro: “el odio”. Un libro escrito por Luisgé Martín que cuenta la historia de José Bretón. De cómo José Bretón mató a sus hijos. Dos niños asesinados: Ruth y José. Primera confesión como autor de los hechos catorce años después.
Ruth Ortiz, madre de los niños, ha quedado oculta. No se le ha ofrecido la oportunidad de colaborar en el libro. Un libro que habla de ella sin ella. De sus hijos sin ella. De sus intimidades familiares y de pareja sin ella.
Sin ella.
Sin ella.
Sin ella.
Ella ha quedado relegada a conocer detalles de lo que sucedió hace catorce años a través de los periódicos, debates televisivos…
Todos opinan. Periodistas, escritores, articulistas, juristas… El debate ha saltado a la calle. ¿Debate literario o debate ético?
Sin ella.
Sin ella.
Sin ella.
Ella solo tiene su dolor. Un dolor al que seguir alimentando, ahora, con nuevas palabras.
Libertad de expresión, derecho de reparación, maltratador, víctima, violencia vicaria, violencia machista. Palabras.
Palabras que hablan de situaciones que vive la gente.
No todos tienen palabras.
Hay quien perdió la oportunidad de tener palabras.
Hay quien, el dolor, le roba hasta las palabras.
Sin ella.
Porque con ella, la historia sería otra. El dolor sería otro.