Hay tantos cuentistas que hasta los cuentos han salido corriendo por piernas.
Siempre ha habido más cuentos que cuentistas, sin embargo, las tornas han cambiado. Ahora los cuentistas cuentan el mismo cuento como si fuese nuevo y alardean de creatividad e ingenio frente a sus acólitos claqueadores.
Nos estamos quedando huérfanos de cuentos con finales felices, de esos que levantan el ánimo y nos envuelven el alma. Cuentos donde imaginar palabras que transmutan: ignorancia por reconocimiento, falsedad por verdad, desamparo por apoyo, violencia por reparación, guerra por paz...
Y así hasta completar la lista de deseos de una humanidad hambrienta de honestidad y sobrada de belicosidad.
Si vamos a contarnos cuentos que sean los que llevan el espíritu de la Navidad como bandera. Y ya puestos, que el espíritu de concordia, respeto, bien común, no solo dure el encendido de las luces, sino que, lo sirvamos en nuestras mesas, con los nuestros, con los otros y aún con aquellos que siguen empeñados en contarnos los mismos cuentos.
Mis mejores deseos en esta Navidad.