Opinión

Mil vidas en una hora

¿Cuál es ese lugar que entras siendo tú mismo y sales versionado en formas y maneras que ni tú mismo te reconoces? 

Si te tomas el tiempo de explorar las diferentes opciones experimentarás cambios que pueden quedar en anecdóticos, en simulaciones predictivas e incluso tatuarse en tu expresión genética, lo que Conrad Hal Waddington, biólogo británico, denominó en 1942, “Epigenética”, para describir cómo los factores ambientales se relacionan con los genes influyendo en su activación o inactivación.

Utilizando un latinismo popular: “no es peccata minuta”.

Es ese lugar que, mires como lo mires, siempre tiene algo que decirte. 

Platón hablaría de las tres luces del mundo: la verdad, el orden y la belleza. Las tres concurren en “ese lugar” enigmático. 

El óleo de “El regreso del hijo pródigo” de Rembrandt se ensamblaría en las telas circundantes y le darían ese toque místico y provocador de todo encuentro.

Los criminólogos lo llamarían “El suero de la verdad” porque nada queda oculto tras ser exhibido.

La neurociencia también le ha hincado el diente y ha empezado a desgranar los efectos beneficiosos en la gestión de las emociones. Recientemente ha surgido un nuevo concepto desarrollado en la Universidad de California, a mediados de la década de 2000, y es el “Affect labeling”, el etiquetado afectivo o emocional.

Todo cabe “en ese lugar”. Magia, ensayo, experimentación.

Desde 1961 cada 27 de marzo se celebra el Día Mundial del Teatro.

¡Feliz Día del Teatro! a todos los amantes de las candilejas. A los que se dejan seducir por lo representado, a los que se resisten a ser inoculados con las emociones que saltan del escenario, a los que muestran indiferencia tras ser nombrados.

¡Silencio! La obra va a dar comienzo.