“No es para tanto”, “todos lo hacen”, “yo controlo”.
Frases como éstas son capaces de aniquilar un reino.
El último movimiento en el tablero de ajedrez donde el Rey es defenestrado por la Torre.
“No es para tanto”
Es de “a pocos”. Un día pruebas, otro día la llevas de compañía en las “quedadas”. Te hace sentir bien. Nada de pensamientos positivos, lecturas inspiradoras, ese rollo de educación de las emociones, que si empoderamiento, crecimiento personal. Chorradas una vez que has encontrado el Santo Grial, eso que te hace sentir como Dios en la tierra.
¡Basta ya de esos nubarrones de apatía, soledad, monotonía! Esto te hace sentir diferente. Pasas del “down” al “up” con solo poseerla, cuando la haces tuya.
“Todos lo hacen”.
Y no todos de la misma manera. Una vez que la eliges, se adapta a ti como un guante. Las hay blandas, duras, aceptadas, prohibidas. Todas, piensas, están ahí para hacerte la vida más fácil y entretenida. ¿Por qué resistirse? No le encuentras sentido a los que se llevan las manos a la cabeza y se aventuran a predecir “el apocalipsis” de la cordura. Y tú para tus adentros te preguntas: “¿Y cordura para qué?” mientras estás rodeado de póquer, alcohol, anfetas, cannabis…
“Yo controlo”
De todas, ésta es la más demoledora. Nunca hubo tantos ciegos en el reino de los bizcos. Entra sin anestesia, sigilosa, prudente, y una vez dentro (…) se cierran todas las puertas. Se caen todos los escenarios sin haber empezado a representar la obra.
En este momento empiezan en procesión problema tras problema: falta de dinero, hurtos, familias al borde de ataques de nervios, rupturas de pareja, padres e hijos enfrentados. Suma y sigue.
Reconforta saber de quienes han salido de sus adicciones. Quienes se integran en el tejido socio-familiar de otra manera. Quienes, entre libertad y adicción, eligen ser libres.