La mató por amor y aún sigue muerta

El 8 de marzo fue el Día Internacional de la Mujer. 

Este año la ONU ha establecido como lema: “Para las mujeres y niñas en TODA su diversidad: derechos, igualdad y empoderamiento”.

Traer a la conciencia parte de la compleja realidad que enmarca esta celebración es el propósito de este escrito. Y ahí vamos…

La mató por amor y aún sigue muerta. 

Este título insinúa algo que, quizás, pueda parecer contradictorio, no solo se muere una vez. De hecho, podemos morir muchas veces. Cada una de las muertes no asegura que haya redención. 

Morimos cuando alguien nos ignora, cuando a nuestro alrededor se levantan rumores clavados en espinas, cuando sufrimos bullying (acoso escolar), moobbing (acoso laboral), cuando nos sentimos despreciadas, insultadas, ninguneadas, cuando vivimos una soledad no deseada.

Hay muchas formas de morir y cada una sufre la suya. 

Hay quien sufre la suya y la ajena por exceso de empatía o vinculación no saludable.

Siendo la muerte (o muertes) algo inevitable en la andadura que hacemos en el “vivir”, seguir muertas o resucitar es una decisión que toma la vida, a veces, con nuestra complicidad, otras, a pesar de nosotras.

Ser resiliente es levantarnos tras las caídas y con un aprendizaje debajo del brazo, lo que ahora se llama “antifrágil”. En el polo opuesto, seguir deambulando sin el aliento de la vida, de la vida plena.

Hoy, mi homenaje es para aquellas mujeres que, si aún siguieran vivas, serían mujeres empoderadas y con una historia que valdría la pena contar.

Y por las mujeres que se levantan tras cada caída.

Y por las mujeres que aprendieron a levantarse y acompañan a otras mujeres en los nuevos ascensos a ser ellas mismas.

La mató por amor y… 

Hoy reescribimos nuestras historias con voz propia.