Los hábitos se escriben torcidos

Al hablar de hábitos no me estoy refiriendo a los trajes que algunas personas utilizan en función de su estado o cargo sino a la automatización de ciertas acciones, es decir, acciones que se realizan sin la necesidad consciente de llevarlas a cabo.

Una ventaja de la automatización es que libera recursos mentales y nos permite enfocarnos en tareas más complejas.

Esto lo sabemos muy bien cuando vamos a pasar la ITV de nuestro vehículo, ante algunos requerimientos de los técnicos tenemos que buscar información en el inconsciente y pasarla al consciente porque de repetirla tantas veces estaba ya automatizada y, ¡ajá!, ¿dónde está ese comando de las luces antiniebla que desde que lo compré sólo lo he utilizado un par de veces? Empezamos a trastear y al cabo de un rato aparece (para tranquilidad nuestra, del técnico y de la fila de coches que están haciendo cola).

Los hábitos son democráticos, se crean de igual manera los buenos y saludables que los perjudiciales y perversos.

La automatización, sin embargo, hace favoritismos. Si la acción está ligada al placer aumentan las probabilidades de que se instale en nosotros si, por el contrario, nos requiere atención, esfuerzo, nos mostrará resistencia.

“Todo lo bueno se hace de rogar” ésta frase siempre estaba en la boca de un adulto cuando mostrábamos frustración por no conseguir lo que queríamos en el momento preciso y nuestra juventud nos interpelaba a la urgencia del disfrute.

Detrás de la palabra “rogar” había un dúo atómico: paciencia y perseverancia.

Éste dúo tiene una clave oculta que, si no se conoce, trastoca la acción que queremos instalar y provoca “acción a la fuga”.

La clave es: dirección, revisión, compasión y pasión.

Dirección son los pasos que nos van a llevar a adoptar el comportamiento que deseamos.

Revisión es cuestionarnos la dirección.

Compasión es aceptar las equivocaciones, los pasos en retroceso como aprendizajes.

Pasión es construir quién eres con amabilidad y firmeza.

Los hábitos se escriben torcidos porque detrás de cada hábito hay una ingeniería dual: humana y técnica. Más humana que técnica.

En un mundo que estamos construyendo tan técnico y sofisticado, lo humano se va viendo relegado por algoritmos al submundo de lo improductivo y los hábitos saludables son menospreciados porque “rogar” no se lleva.

Hablemos de dirección, revisión, compasión y pasión.