Septiembre es un mes donde podemos tener algún pico de estrés por la vuelta al trabajo y nos requiere tener una buena capacidad de adaptación a los nuevos entornos.
Entender cómo nos comportamos frente al estrés y gestionarlo eficazmente son los pilares de una buena salud mental.
Lo primero es entender que no todo el estrés es malo. De hecho hay dos tipos de estrés: el bueno o eustrés y el insano, también llamado distrés.
El extra de energía que necesita un atleta ante una competición, un candidato en una entrevista de trabajo o un estudiante ante un examen son situaciones de eustrés. Ese chute de energía extra es lo que necesitan para tener una buena concentración y superar las pruebas.
El distrés ocurre cuando nos mantenemos en situación de alerta sin una causa que lo justifique y lo prolongamos en el tiempo. El distrés provoca que nuestros niveles de cortisol, hormona del estrés, en sangre sean altos y consecuentemente nuestro sistema inmunitario se debilite. Y ya conocemos que eso no es nada bueno para nuestra salud.
Segundo es conocer cómo reacciona nuestro cuerpo frente al estrés. Los síntomas pueden estar muy personalizados, sin embargo, en términos generales aparece una aceleración de la respiración, el corazón late con más rapidez, aumenta la transpiración y hay una sensación de agobio.
Tercero, si nuestro cerebro va a fabricar estrés, vamos a facilitarle que fabrique estrés bueno. Por una parte, sabiendo el premio que obtendremos y además limitando en el tiempo esa energía extra.
Con estas pautas espero que desmitifiquemos el síndrome postvacacional y demos la bienvenida a este mes.