Escobando el bien-estar

—¿Seguro Alicia que quieres empezar este post u artículo hablando de barrer? ¿Has tomado mucho el sol? 

Paso a paso. Quiero poner en tu mente esta figura e ir viendo hacia dónde nos lleva. 

Tengo el recuerdo de cuando mi madre salía a la calle provista de un cuenco de agua y un escobón para barrer su trozo de calle. Porque hasta trozo de calle teníamos para su adecentamiento y transitabilidad, amén de que cuanto más limpia estuviese la calle menos suciedad se metía en las casas. 

La técnica de mi madre consistía en rociar con la mano, a modo de aspersor, parte del agua del cuenco y seguidamente, escobón en mano, barrer de dentro hacia fuera, retirando primero la suciedad de cerca de la puerta y alejándola para, posteriormente, agruparla en partes para recogerla con el badil. 

—¿Llegamos ya al bienestar? Eso puede que tenga más enjundia porque ahora con el robot aspirador el escobón es historia. 

Bueno, la historia siempre se repite y al precio que está la luz, quizás sea buena idea tener una escoba en casa. 

El bien-estar, que no bienestar (se requiere una respiración separando las palabras para enfatizar), es la forma en la que entendemos o significamos el sentirnos bien y la dirección en lograrlo. 

O bien agentes externos a nosotros son los proveedores de que alcancemos el placer y evitemos el dolor; o, por el contrario, resignificamos la dirección y nos hacemos co-creadores de nuestro bien-estar. 

Mi madre nunca oyó hablar de la epigenética ni del sistema reticular activador ascendente; sin embargo, su técnica de escobado encerraba la sabiduría: “de dentro hacia afuera”. 

Era su trozo de calle, su escoba, su badil y sus ganas de contribuir, por ella misma, al “bien-estar” de su familia y vecinos.