Opinión

Cuando lo bueno es enemigo de lo deseado

—Alicia, te estás columpiando con el título, lo bueno es siempre amigo de lo deseado.

La realidad supera muchas veces la lógica y mucho más la ficción.

Y aquí viene la reflexión. 

Hay personas a las que les gusta tener cerca de ellas a otros que, con su comportamiento, su forma de ser, sean buenos ejemplos en los que inspirarse. Estas personas son estímulo y aliciente para sacar lo mejor de nosotros mismos y dar nuestra excelencia al mundo.

“Haberlas, haylas”.

Y también lo contrario.

Hay quien prefiere rodearse de “mediocres, incompetentes (…)” para de esta manera no ser destronado y mantenerse ejerciendo la parcela de poder que le da autoridad y prestigio.

El filósofo, escritor y ensayista Javier Gomá Lanzón, lo llama la “ejemplaridad conflictiva”, cuando el ejemplo virtuoso genera odio.

La razón de este pensamiento es la comparación. Si con quien me comparo es inferior en algo respecto a mí, yo salgo bien parado; mi ego no sufre daño y sigo con mis cosas. 

Por otra parte, si con quien me comparo es mejor que yo, destaca y/o sobresale en algún área importante para mí, el ego presiente una inminente hecatombe y se defiende.

—Y, ¿cómo se defiende?

—Atacando. 

Las armas son variadas: desde el desprestigio, difamación, intolerancia, retirada de atención, sobrecarga de trabajo, etc…

Estas situaciones se viven en el ámbito familiar, relacional, laboral y son importantes porque lo que está en juego es la salud mental, y no solo de las personas que, por virtuosas, son odiadas; la salud de todas y todos.