¿Cabeza o cola?
Formarse una opinión de las cosas requiere poner todas las cartas encima de la mesa y decidir cuál será la siguiente jugada.
Los griegos tenían una palabra para designar la capacidad de elegir y decidir, la llamaban “prohairesis”.
A la hora de ejercer la “prohairesis” nos encontramos, por una parte, con la situación frente a la que tenemos que responder y, por otra parte, la cultura heredada que ha conformado nuestras creencias sobre lo que es bueno o malo, adecuado o inadecuado. Un combo que despliega la libertad de elección dentro de unos parámetros establecidos y que asumimos como propios.
¿Somos tan libres como nos imaginamos?
Podemos pensar que sí, que somos totalmente libres, que ejercemos la libertad a nuestra manera. Aquí de fondo se empieza a escuchar a Robbie Williams cantando “My Way” en el icónico Albert Hall, Kensington.
Como “Del dicho al hecho hay un gran trecho”, invito a reflexionar y, consecuentemente, calibrar nuestro grado de libertad y coherencia a través de un fragmento del imaginario popular.
El refrán dice así: “Más vale ser cabeza de ratón que cola de león”. Para los que el tema de refranes es como coger un tren de larga distancia, algo distante en el tiempo, decir que este refrán, que lleva unos días que me trae de calle por el poder oculto de sus palabras, viene a señalar que el camino correcto entre ser líder de un pequeño grupo o pieza, no muy significativa, en un gran proyecto; el camino a elegir es ser cabeza de ratón y olvidarte de grandes aspiraciones.
“Cabeza de ratón” es estar y permanecer en círculos donde tus habilidades y competencias son reconocidas y valoradas.
“Cola de león” es ser una pieza pequeña en un engranaje mayor donde pasar desapercibido goza de altas probabilidades. El valor añadido radica en la oportunidad de aprendizaje al estar inmerso en contextos nuevos y el desarrollo de nuevas competencias.
¿Y si el ejercicio de la “prohairesis” fuera ser unas veces “cabeza” y otras “cola”?
No cerrarnos oportunidades. Por el contrario, abrir nuestra mente y desplegar nuestra curiosidad para que juegue a nuestro favor.
Las cartas están echadas. Lo importante saber la jugada.