Aventar la incertidumbre
“Sé que no sé nada”
Dos mil cuatrocientos años desde que Sócrates, según relata Platón, dijera esta frase y poco nos hemos desviado de la certeza de la incertidumbre.
La disponibilidad de la información es, hoy en día, muy alta. En minutos podemos conocer hechos que ocurren en cualquier parte del mundo. Hay sucesos, noticias, que nos llegan mientras se están produciendo.
Nunca hemos estado tan informados o con la posibilidad de estarlo. Sin embargo, nuestra calidad de vida no ha mejorado con ello.
Estamos abiertos a consumir datos, sucesos. La información no es solo información, no es neutra, aséptica. Es información con nombre y apellidos, destilada de sucesos que han ocurrido y enriquecida con las opiniones, creencias, ideología de quien la genera y/o comparte.
Así, de un mismo hecho, nos encontramos con muy distintas versiones. Lo que se nos muestra como blanco, otros argumentan con toda la paleta de colores: azul, gris, amarillo…
Cuantas más vueltas das a la misma noticia más caras quedan al descubierto como si se tratase de un complejo poliedro.
Tirando de la hemeroteca familiar recuerdo a mi abuela cómo aventaba, en el corral de casa, los granos de la paja con una pequeña criba. La técnica consistía en introducir una cantidad manejable (de lo que se quisiera limpiar) en la criba, instrumento realizado con un aro y una rejilla, y aventar, utilizando el impulso de lanzar el género hacia arriba creando movimiento de aire que hacía caer el grano dentro de la criba y la paja fuera.
Se hace preciso rescatar esta técnica de nuestros abuelos y “aventar” la información separando el grano de la paja. Elegir la criba no es un dato menor, un buen enrejillado siempre será fruto de una amplia formación, que no solo información.