Solidario a diario

Un año más, una Navidad menos. Cuesta trabajo empatizar con las causas perdidas, fundamentalmente por la impotencia de resolverlas y el volumen mayúsculo de las mismas. Muchas personas hemos dedicado gran parte de nuestras vidas a querer salvar el mundo: protestas, discursos… Al final, cabeza caliente y pies fríos.

¿Merece la pena ser solidario a diario?

Vemos los trenes de la actualidad pasar a gran velocidad por delante de nuestra estación.

¿Podemos parar la locomotora de la mentira y el odio y bajar a la vía, chocando de frente con la máquina? Definitivamente, no. Eso sería un suicidio que no frenaría la ignominia hacia las capas más humildes y débiles de la sociedad a nivel mundial.

Entonces, ¿en qué consiste la utopía, la solidaridad, la igualdad o la lucha por los derechos elementales?

Por ser Navidad, y por la tozudez que lamentablemente me acompaña en numerosas ocasiones, estoy seguro de que hay motivo para la esperanza. Pienso que la utopía tiene un estrecho camino. Más allá de la solidaridad, debemos ensanchar la vía, y esto pasa por la destrucción de barreras y diques tales como la demagogia, el romanticismo o la visceralidad. Solo así conseguiremos imponer la verdad, el amor y el compromiso con las causas justas.

Difícil empresa (debido a los mesías y rapsodas mediáticos), pero no imposible.