Opinión

Una emoción del indescriptible

Debo confesar que, aunque son ya unos cuantos años los que llevo asomándome como alcalde al balcón de la Casa del Reloj, es imposible evitar la emoción del indescriptible momento en el que prende la mecha del cohete de Santa Ana y la plaza de los Fueros -el gran salón de la ciudad- se tiñe de rojo.

Es en ese instante cuando uno es consciente de que estos días festivos son para los tudelanos mucho más que un programa de actividades para todos los gustos y edades.

Las fiestas son en realidad la gran oportunidad para reencontrarnos, compartir días de alegría, fortalecer los lazos que nos unen y reafirmar nuestro sentimiento de identidad y pertenencia a la ciudad más maravillosa del mundo y a la Ribera que la envuelve. El que viene a Tudela por Santa Ana, repite; y más pronto que tarde acaba siendo un tudelano y un ribero más.

Quiero expresar mi agradecimiento a todas las personas, asociaciones, peñistas, voluntarios y trabajadores municipales que a lo largo del año -y no solo durante estos días- echan el resto para hacer posible el gran evento que nos sitúa en lo más alto del calendario festivo de Navarra, España y cada vez más rincones del mundo.

Os animo como siempre a llenar nuestras calles de vida, color, entusiasmo, responsabilidad y sobre todo de la verdadera tolerancia: la que nace del respeto a la convivencia y a la libertad individual de las personas.

¡Viva Santa Ana! ¡Viva Tudela! ¡Viva Navarra!