Opinión

El mundo se para

Esa sensación de que el mundo va a pararse, de que al año se lo come el verano, de que las vacaciones están a la vuelta de la esquina, de que la familia que está lejos viene de camino y la casa va a llenarse de risas y de buenos alimentos de siempre, de lavadoras de ropa blanca, de zapatillas sucias de tanto danzar de bar en peña y de peña en terraza. Ese sueño vencido después del almuerzo, esas ganas de comerte las calles con un ramo de albahaca en la pechera, esas campanas loquicas perdidas, en puro estruendo al paso de Santa Ana. Los recuerdos de la niñez, las nuevas ocurrencias de la juventud con sus cuadrillas, los paseos por la feria, el sabor del algondón de azúcar, el olor de las costillas en la brasa por las callejuelas del Casco Antiguo…Manchas de zurracapote señalando el camino de la charanga, de la entrada a la Chata de Griseras, con ese calor ocre que te pone los pelos de punta y sobre el que lanzan destellos las virguerías de los trajes toreros. Tudela. Siempre Tudela en julio. Por Santiago y Santa Ana. Anulando las diferencias entre los de casa y los de fuera, haciéndonos sentir que formamos parte de la misma gran familia. Una única voz que se desgañita gritando “viva, viva, viva” en el cohete.

Y luego se deja llevar y se abandona a la suerte festiva para no volver hasta el día 30 a media noche, cuando despertamos de este bello sueño de emociones con la sonrisa en vacío. Parece que las fiestas no cambian, pero los que salimos de ellas, una vez terminan, nunca somos ya los mismos. Año tras año se cumple el ritual. La mejor manera de mantener esta tradición nuestra es vivirla. Vívanla. Es  nuestra. Nos la merecemos. Y sed felices, cuidad de la ciudad y de sus visitantes, mostradles que somos acogedores y respetuosos. Porque lo somos. Y en esa noble acción de compartir nuestra alegría haremos aún más bonita esta ciudad que revienta de orgullo por sus fiestas. 

Felices días. Viva Tudela y viva Santa Ana.