Errejón y la hipersexualización social
Al final del franquismo, la sociedad española pareciera que se hubiera quedado estancada en el tiempo frente a la revolución sexual que se había originado en Occidente después de la II Guerra Mundial. Las chicas salieron de sus papeles tradicionales de madres y esposas y comenzaron a mantener relaciones sexuales igual que los hombres, que también dejaron atrás en parte sus roles tradicionales de padres y esposos. Sin ánimo de generalizar, ambos géneros se enfrascaron en una lucha por enterrar el modelo de familia tradicional, uno de los objetivos del Manifiesto Comunista, firmado por Marx y Engels, los teóricos más avezados de la izquierda revolucionaria, a los que posteriormente se sumaron Lenin, Mao Se Tum y otros, como Sandino en Nicaragua. En España esa revolución sexual se produjo durante el felipismo y ya entonces el LGTBI+ cobró máxima importancia cultural, con el éxito de cineastas como Almodóvar, escritores como Antonio Gala y un largo etcétera de personalidades que se manifestaban homosexuales, aunque algunos quieran hacernos creer que ese fenómeno corresponde a nuestros días. Lo que sí acaece ahora es la moda trans, que en el felipismo ya existía, con figuras como Alaska, la cantante, que promovía esa movida, pero que entonces era marginal.
Y todo ese movimiento tiene como consecuencia la hipersexualización de toda la sociedad. Nos han hecho creer que la práctica sexual es fundamental para mantener el equilibrio psicológico y emocional, lo cual constituye una de las mayores y más graves falacias de todos los tiempos. El erotismo copa todos los fenómenos y producciones culturales. La pornografía es accesible para los niños y adolescentes, a los que se les inculca que la práctica del sexo seguro es la panacea de todos los males, el remedio a todas las frustraciones, cuando no es así en absoluto, sino que el sexo conduce a la persona a la tristeza si no media el amor verdadero en la relación. Esa insatisfacción pertinaz que encontramos en tantas personas, que parece que quisieran únicamente destruir a los demás y destruirse a sí mismas, proviene precisamente de ese tipo de falacias, como la de que el sexo seguro consigue hacer feliz a la persona. La verdad es que practicar el sexo sin control, sin medida, sin orden y sin amor es muy perjudicial. Se está perdiendo la decencia de forma generalizada y las nuevas generaciones no disciernen lo que está bien de lo que está mal en lo que se refiere a la sexualidad.
Y luego aparecen casos como el de Errejón, claro. Es de chiste que le achaquen al patriarcado, un concepto inventado y que no se corresponde en absoluto con la realidad familiar tradicional, este tipo de conductas. No, si al final va a resultar que la culpa de que estas personalidades importantes disfruten tomando coca, practicando sexo con cualquier persona con que se topan, practicando el sadismo, etcétera, la tienen el Catolicismo y San Pablo Apóstol cuando conminaba a los maridos a amar a sus mujeres y a tratarlas con el máximo respeto. ¿Nos confirmáis que la culpa de que este político no haya conseguido formar una familia o que para sus ratos de ocio escoja la juerga y el desenfreno es por culpa del patriarcado y no de su falta de principios e inmoralidad? Por otro lado, parece mentira que todavía haya quien confíe en que individuos cuyo modo de vida es la fiesta nocturna, la cocaína, la promiscuidad, el sadismo, etcétera vayan a solucionar ninguno de los problemas que afectan gravemente a esta sociedad. Y, por otro lado, esas chicas que tardan tantos años en denunciar y que no aportan ninguna prueba… en fin… no quiero incurrir en blasfemias contra el sacrosanto principio de lo políticamente correcto.