Isidro Marín, el torero tudelano que llevó el nombre de Navarra por los ruedos de España
El centenario del nacimiento del matador de Tudela recuerda la trayectoria de una de las grandes figuras de la tauromaquia navarra, marcada por sus triunfos, una gravísima cogida y su estrecha vinculación con Pamplona y los Sanfermines
- De la huerta tudelana a los ruedos
- Los primeros pasos de una prometedora carrera
- La generación de Litri, Aparicio y Ordóñez
- La histórica alternativa de Pamplona
- El ascenso truncado por una terrible cogida
- Los últimos años en los ruedos
- Torero hasta el final
- La peregrinación solidaria a Valencia
El 15 de mayo se cumplió el centenario del nacimiento de Isidro Marín, figura imprescindible de la tauromaquia navarra. Matador de toros, doblador de los encierros pamplonicas y asesor taurino en las plazas de Pamplona y Tafalla, el tudelano protagonizó una brillante carrera marcada por grandes triunfos, una gravísima cogida que frenó su ascenso y una profunda vinculación con Pamplona y los Sanfermines.
De la huerta tudelana a los ruedos
Se cumplió el 15 de mayo, día de San Isidro Labrador, el centenario del nacimiento del tudelano Isidro Marín, torero navarro, doblador de los encierros pamplonicas y asesor taurino en las plazas de Pamplona y Tafalla.
Isidro fue el menor de los muchos hijos que tuvo Bernabé Marín, hortelano de profesión y típico tudelano de la época en que le tocó vivir. Bernabé se casó dos veces. Tras enviudar de la que fue su primera mujer y con la que tuvo diez hijos, se casó en segundas nupcias con Amalia, su segunda mujer, mucho más joven que él y con la que tuvo otros ocho hijos. Isidro fue el más pequeño de todos ellos.
De cómo esta familia dedicada a la tierra y a la huerta dio al mundo a los dos toreros navarros por excelencia es un misterio. Intuimos que la afición de Isidro a los toros le vino dada por su hermano Julián Marín, algo mayor que él y que comenzaba a triunfar en ese mundo taurino, a viajar y a llevar algo de dinero a la casa familiar cuando contaba Isidro tan solo unos once años.
La familia Marín era humilde, residía en la calle Capuchinos frente a la iglesia y Bernabé, un castizo tudelano, sacó adelante a sus numerosos hijos trabajando de sol a sol, no solo en sus tierras sino también en otros campos ajenos.
Los primeros pasos de una prometedora carrera
Isidro comenzó a dar los primeros pasos en el mundo taurino cuando apenas tenía 17 años, deslumbrado por los éxitos de su hermano. De Isidro hablan las crónicas que era más fino que Julián, más estilista, buen muletero y bastante buen estoqueador.
Los primeros pasos de Isidro fueron de la mano de su hermano, y con él comenzó a probarse como becerrista. En agosto de 1943, con 17 años, ayudó a su hermano en un festival a beneficio de las Siervas de María en Tudela y un mes más tarde ya se anunciaba en Sangüesa en una novillada. El 28 de septiembre de 1945 actuaron ya los dos hermanos en Arnedo.
Su primera actuación seria en Tudela fue en el año 1947, con traje de luces. En noviembre de ese mismo año se presentó en Barcelona consiguiendo un gran triunfo y saliendo a hombros, al igual que en 1948, cuando triunfó no solo en Barcelona sino también en muchas plazas importantes.
En Pamplona, en julio de 1948, en un festival estuvo apoteósico según las crónicas. En los Sanfermines de 1949 ya toreó con Litri y Ordóñez, estando muy bien. Ese mismo año se presentó en Madrid, pero la tarde no le fue propicia a causa del horrible ganado que salió de toriles. También en 1949, en una corrida mixta en Lérida, llegó a cortar cuatro orejas, dos rabos y una pata. En 1950 alternó en Zaragoza con Aparicio y Litri, cuajando dos grandes faenas.
La generación de Litri, Aparicio y Ordóñez
Hay que decir que la época que a Isidro le tocó vivir en los ruedos estuvo marcada por una terna de matadores como pocas veces se ha dado. Fueron novilleros que toreaban más corridas que los propios matadores. Fueron los años de Miguel Báez ‘El Litri’, que tomó la alternativa en 1949; Julio Aparicio, que hizo lo propio en 1950; y Antonio Ordóñez, en 1951.
Isidro, en su primera época, coincidió muchas tardes con estas figuras, saliendo en algunas mejor parado que ellos. A Isidro siempre le gustó coincidir con estos monstruos del toreo.
La histórica alternativa de Pamplona
Tras varios años de novillero cosechando faenas exitosas, el 11 de julio de 1951, hace ahora 75 años, Isidro tomó la alternativa en Pamplona de manos de su hermano, en una corrida en la que consiguió un gran triunfo.
Alternaba con su hermano, que le dio la alternativa, Rafael Llorente y Diamantino Vizeu como testigos. Tras dos maravillosas faenas, Isidro cortó al primero de sus toros una oreja y las dos orejas y el rabo al segundo, saliendo en volandas, a hombros de los mozos de las peñas. Una alternativa de las que recuerdan los aficionados para siempre.
Unos días más tarde, Isidro ofreció el capote de paseo de ese día memorable a San Fermín.
1951 sería el año más importante de Isidro, no solo por tomar la alternativa sino porque toreó 16 corridas desde mediados de julio hasta final de temporada y en esos 33 toros —en una corrida toreó tres morlacos— consiguió 53 orejas, 12 rabos y dos patas, unas cifras de récord que muy pocos consiguen.
El ascenso truncado por una terrible cogida
A partir de su alternativa, Isidro tuvo un par de años en que cada corrida que toreaba se convertía en un gran éxito y su nombre comenzó a sonar en las grandes plazas del norte y centro de la península. Torero de gran honradez, daba todo lo que tenía cada tarde y el público se lo agradecía con orejas.
El día de San Fermín de 1952 en Pamplona alternó con Dominguín, Martorell y Ordóñez. Isidro, a base de arriesgar, les ganó la partida y salió a hombros. El 10 de agosto de ese año, en Huesca, tuvo lugar una de las mejores corridas de Isidro, alternando con Dominguín y Ordóñez. Los tres matadores realizaron faenas memorables.
Por desgracia, su carrera se vio truncada por la gravísima cogida que sufrió en Játiva el 15 de agosto de 1952. Isidro sufrió una herida tremenda en el muslo derecho, en principio diagnosticada como de cuatro centímetros, pero al llegar a las once de la noche al sanatorio de La Alameda de Valencia se vio que tenía seccionadas las venas safena y femoral.
El estado de Isidro era gravísimo y solo la pericia del doctor Serra salvó la vida del torero navarro. Durante días estuvo entre la vida y la muerte.
Finalmente se recuperó, pero, según las palabras del crítico taurino Jorge Ramón Sarasa: «Aquella tarde perdió Navarra uno de los toreros más grandes que podíamos haber tenido, porque Isidro continuó toreando, pero las cosas ya no fueron igual. Hasta entonces había sido sencillamente imparable el ascenso de su brillantísima carrera taurina, una carrera jalonada por la estética, por la belleza, por la suavidad, por aquellos estatuarios sencillamente inolvidables, emocionantes».
Los últimos años en los ruedos
Isidro siguió de matador varios años más y, a pesar de torear no muchas corridas, todavía tendría grandes triunfos. Uno de ellos llegó en Valencia en 1958, toreando junto a Ordóñez, Jaime Ostos y Chamaco. El matador tudelano enardeció al público, salvando una tarde aburrida hasta entonces.
Isidro toreó no solo en España, sino también, junto a su hermano, en plazas de América, en Mozambique —entonces colonia portuguesa— y en varias plazas francesas.
Finalmente, viendo que las corridas eran más escasas cada año y que se movía en la zona media-baja de la tabla de matadores, decidió retirarse de los ruedos en Pamplona el 16 de julio de 1961, en una corrida postinera con los hermanos Peralta por delante, Curro Girón y Mondeño.
Isidro vestía un traje de luces gris y oro con cabos negros, seguramente como luto a una profesión que amaba.
Torero hasta el final
Isidro siempre se sintió torero. Amaba la profesión, el albero y el ambiente taurino. Tras dejar de ser matador de toros tuvo una segunda etapa como doblador de encierros en Pamplona y una tercera como asesor taurino hasta su fallecimiento.
Muy querido en Tudela, en 1956 se formó una peña con la denominación de Isidro Marín. Unos meses más tarde ya tenía 200 socios. Esta peña duró muchos años y posteriormente fue la encargada de gestionar el Grupo Deportivo Educación y Descanso, más tarde SDR Frontón, con sus instalaciones, piscina y frontón.
Isidro era tudelano. Su carácter ribero se observaba por los cuatro costados. Su humor, su honradez, su don de gentes y su generosidad le caracterizaban como persona de la orilla del Ebro.
Pero Isidro amaba Pamplona, y los pamploneses querían a Isidro con locura. Todo el año vivía para los Sanfermines; sus vacaciones eran los Sanfermines. Allí, alternando con mozos, toreros y aficionados, imbuido en aquel mundo taurino, era feliz.
De hecho, a pesar de su enfermedad, aguantó siendo asesor hasta el año de su fallecimiento, en diciembre de 1991. En Pamplona tomó la alternativa, en Pamplona se retiró y en Pamplona cosechó grandes éxitos. En Pamplona estuvo años y años de doblador y más tarde de asesor. En Pamplona se sintió como en casa.
La peregrinación solidaria a Valencia
A Isidro también se le conoció en toda España por la gesta que protagonizó en 1957. El 14 de octubre de ese año, Valencia sufrió lo que se conoció como la Gran Riada, una inundación que afectó a toda la ciudad y ocasionó grandes destrozos.
Toda España se volcó en ayudar a los afectados y se organizaron subastas, festivales, desfiles y corridas de toros. Isidro, profundamente religioso, se ofreció para torear en Pamplona actuando gratuitamente, pero en noviembre saltó la noticia de que el matador navarro iría de peregrinación andando desde Pamplona a Valencia recaudando donativos.
El miércoles 13 de noviembre salió de la capital navarra y el día 19 llegó a Tudela, donde el recibimiento fue apoteósico. Las calles llenas de gente mostraban el cariño a su paisano. Hubo actos, recogida de donativos y visita a Santa Ana.
Isidro fue pasando por pueblos y ciudades en su ruta a Valencia, recogiendo las aportaciones y el cariño de todos los habitantes de esas localidades. Finalmente, el 14 de diciembre llegó a Valencia. Miles de personas se agolpaban por el recorrido.
Isidro acudió a la Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados y al Ayuntamiento. Valencia se volcó con este torero navarro y muchos tudelanos acudieron a esa ciudad.
Una pancarta de la peña tudelana que llevaba su nombre rezaba: «La Peña Taurina Isidro Marín de Tudela (Navarra) saluda a Valencia y a Isidro en su mejor paseíllo».
Este es el semblante del torero tudelano Isidro Marín, porque Isidro se sintió torero hasta el final y, como dijo una vez, «uno es torero toda la vida, aunque se haya retirado de los toros».
La jota que le dedicaron hacía referencia a ese origen y rezaba así:
«Isidro tiene un capote,
que se lo bordó Santa Ana,
con oro de las Bardenas
y flores de la Mejana».