Murchante

Wabi Sabi, una apuesta por la agricultura natural

Anuncibay (agachado) junto a los asistentes al curso impartido en una finca de agricultor en proceso regenerativo

Con prácticas que regeneran la tierra y evitan el uso de químicos, la Asociación Wabi Sabi busca devolver a la Ribera la calidad de sus verduras tradicionales mientras impulsa una alimentación más saludable y respetuosa con el medio ambiente

Donde la sostenibilidad y la recuperación de tradiciones cobran cada vez más relevancia, la Asociación Wabi Sabi trabaja para revitalizar la figura del hortelano. Este símbolo de nuestra tierra, tan ligado a la calidad de las verduras que históricamente distinguieron a Tudela y a su Ribera, ha perdido protagonismo en las últimas décadas. Juanjo Anuncibay Urra, miembro de la asociación, desgrana los detalles de una iniciativa que busca recuperar estas prácticas, adaptándolas a las necesidades y desafíos actuales.

“Prácticamente todas las verduras que consumimos hoy en día llegan de mercados industriales, como Mercazaragoza o Mercapamplona. Esto ha provocado no solo la desaparición de la figura del hortelano tradicional, sino también una notable pérdida en la calidad de los productos”, lamenta Anuncibay. Desde Wabi Sabi, el objetivo es formar tanto a hortelanos para autoconsumo como a agricultores comerciales, promoviendo técnicas sostenibles que regeneren la tierra y mejoren la calidad de los cultivos.

La clave, regenerar el suelo

Uno de los pilares fundamentales de la iniciativa es la regeneración del suelo mediante técnicas que enriquecen su microbiología. Anuncibay explica que los métodos tradicionales, como el laboreo intensivo y el uso de químicos, han dañado gravemente los microorganismos esenciales para el equilibrio del suelo. “Cuando labramos, rompemos las redes de hongos que permiten a las plantas acceder a los nutrientes. Además, el uso de pesticidas y fertilizantes químicos destruye estas bacterias y hongos, generando una tierra prácticamente muerta, que solo sirve como soporte para las plantas”, señala.

Para revertir este daño, se emplean técnicas basadas en estudios recientes, como los de la investigadora estadounidense Elaine Ingham, que demostraron la importancia de la vida microbiana en el suelo. Estas prácticas incluyen el uso de compost enriquecido en hongos, la eliminación del laboreo y el empleo de cultivos de cobertura.

“Antes de cultivar verduras, enseñamos a las personas a cultivar la tierra”, comenta Anuncibay. Este enfoque implica enriquecer el suelo con microorganismos, permitiendo una simbiosis natural que optimiza el crecimiento de las plantas y reduce la necesidad de químicos. El compost, por ejemplo, es elaborado con un 80% de restos de poda triturados y un 20% de elementos nitrogenados como hierba verde o estiércol. Este material fermenta durante un año sin necesidad de voltearlo, dando lugar a un compost vivo que enriquece significativamente la tierra.

Agricultura sin químicos ni laboreo

Una de las características más destacadas de la agricultura promovida por Wabi Sabi es la eliminación total de productos químicos. “Cuando el suelo tiene una microbiología rica y equilibrada, las plantas crecen sanas y fuertes, lo que las hace menos propensas a plagas y enfermedades”, explica Anuncibay.

Además, se fomenta el uso de cultivos de cobertura, que consisten en plantas con sistemas radiculares profundos que regeneran el suelo. Estas raíces crean canales por los que el agua y los nutrientes se distribuyen mejor, además de proporcionar un entorno óptimo para la proliferación de microorganismos.

Según Anuncibay, este modelo no solo mejora la calidad del suelo, sino que también beneficia al medio ambiente y la salud humana. “Las verduras cultivadas de esta forma tienen más vitaminas y minerales. Además, al no utilizar químicos, no contienen residuos nocivos para la salud”, destaca.

Otro punto clave es que este tipo de agricultura contribuye a la biodiversidad. Al eliminar el uso de pesticidas, se permite el retorno de insectos beneficiosos y otras formas de vida esenciales para el ecosistema. “Se genera un círculo virtuoso que beneficia tanto al medio ambiente como al ser humano”, añade.

Un modelo con impacto en la salud humana

Los beneficios de esta agricultura van más allá del impacto en el medio ambiente. Anuncibay destacó que las verduras cultivadas de forma natural también nutren los microorganismos de nuestra flora intestinal, fundamentales para funciones como la síntesis de vitaminas o el fortalecimiento del sistema inmunológico.

“Al igual que las plantas necesitan microorganismos para crecer fuertes y sanas, los humanos necesitamos alimentos vivos que fortalezcan nuestra flora intestinal. Este tipo de agricultura nos conecta con un modelo de alimentación más saludable y sostenible”, argumenta.

Desafíos y apoyo a nuevos agricultores

Aunque el impacto positivo de este modelo es innegable, Anuncibay reconoce que emprender en agricultura natural no es tarea fácil, especialmente en la Ribera. “Aquí la gente tiene acceso a verduras de familiares o vecinos que cultivan pequeñas huertas, lo que hace más complicado competir para quienes quieren dedicarse a esto de manera profesional”, explica.

Por ello, la asociación se centra en apoyar a nuevos agricultores que apuestan por esta agricultura. Entre las acciones destacadas se encuentra el asesoramiento técnico, liderado por Rubén Flamarique, un ingeniero agrónomo con un extenso currículo. Flamarique, formado con expertos internacionales como Elaine Ingham, utiliza técnicas avanzadas para analizar la microbiología del suelo y determinar las enmiendas necesarias para regenerarlo.

“Rubén es un referente en este campo. Ha trabajado para la FAO en países como Brasil o Timor Oriental, y tenerlo aquí es un privilegio. Su experiencia es clave para formar a los agricultores en estas técnicas”, destaca Anuncibay.

La importancia del apoyo institucional

El proyecto de Wabi Sabi no habría sido posible sin el respaldo del Ayuntamiento de Murchante, que ha financiado los cursos de formación, como el celebrado en la localidad ribera el 5 de octubre. Anuncibay quiso agradecer especialmente a Verónica, concejal de Agricultura y Montes, quien desde el inicio apoyó esta iniciativa, permitiendo que los cursos fueran gratuitos. “Gracias a su compromiso, hemos podido avanzar en esta propuesta que busca no solo recuperar la figura del hortelano, sino también fomentar un modelo de agricultura más sostenible y saludable”, afirma.

Un movimiento necesario para el futuro

Con iniciativas como la de Wabi Sabi, Murchante se posiciona como un referente en la recuperación de la agricultura natural. Este movimiento no solo promueve un cambio en la forma de cultivar, sino también en la manera de entender nuestra relación con la tierra.

“La sociedad demanda productos naturales y saludables, pero para que eso sea posible, debemos apoyar a quienes los cultivan”, concluye Anuncibay. En un momento en que los desafíos medioambientales y de salud son cada vez más acuciantes, proyectos como este demuestran que es posible avanzar hacia un modelo más equilibrado y respetuoso con el entorno.

Más información en iniciativawabisabi@gmail.com