Plumas al cierzo

El trenzado mágico de fiestas

Alicia Baigorri Montes

Alicia Baigorri Montes nos escribe este relato breve

Carlota era una niña muy vivaracha, tan pronto estaba persiguiendo una cardelina como estaba arañando la tierra del jardín buscando tesoros escondidos. Siempre fue así. 

Sus padres siempre tenían en la boca una palabra: agotadora. Sentían que una gran nube negra había alquilado el piso de arriba de sus cabezas y, día y noche, amenazara tormenta. 

Los nervios afloraban y parecían escarpias a punto de hincar sus afiladas puntas en todo aquello que osara pasar por delante.

Mientras los padres buscaban una solución a la inminente pérdida de cordura de toda la familia, la abuela tuvo una idea. En el jardín trasero de la casa de Carlota removió la tierra y enterró unas semillas. 

La ventana de Carlota daba al patio trasero y en las noches de verano, con todas las ventanas abiertas, la habitación de Carlota se inundaba de un aroma muy peculiar, algo entre limón y clavo.

Carlota parecía haber sido poseída por el dios del sosiego y la calma. 

Hoy, con sus doce años, se está preparando para la procesión de la patrona, de Santa Ana. Todo está preparado, ropa blanca, alpargatas, pañuelo rojo y faja roja. 

Solo falta el toque final. 

El que su madre, desde hace ya más de un lustro, como un ritual, realiza cada mañana al recogerle el pelo. Sale al patio trasero, corta unas ramas, aspira su olor y se prepara para entrelazar las ramitas de albahaca en el pelo de Carlota.

Si te acercas a las fiestas y sientes el latir de la cordialidad, gírate sobre tus pies y verás a Carlota y su trenzado mágico.

Mágico por la luz y el aroma de la albahaca de la mejana.