La Navidad que nos faltó
Carlos Guillén Sola nos escribe este relato breve
Aquella mañana el frío helaba, el cielo estaba gris, triste, y la poca gente que por allí había, cruzaba rápido por las calles y aceras de la ciudad engalanada por Navidad. Mikel se vistió temprano, con sus zapatillas, sus vaqueros y una camisa de cuadros, que cubrió con una chaqueta oscura de punto. Se puso la bufanda, el abrigo y cubrió la cabeza con una txapela negra. Cruzó la calle, echó la quiniela en el puesto más cercano y se metió a una cafetería. La atmósfera cálida y calmada interior, contrastaba con el exterior frío y acelerado. La decoración navideña sin lucir, esperaba y ahí Mikel rascando su oscura barba se abstrajo. Caminos nevados, frío helador, a veces lluvia, a veces cierzo. La casona del pueblo, paredes de piedra que albergaban el hogar, alimentado de leña, la paz, la tranquilidad, la unidad familiar. Las mantas gordas, el cordero presto para asar, las castañas rusientes que calientan manos antes de alegrar estómagos. El café de puchero, la leche con nata después de hervir, el patxaran y el orujo “de casa”, que calientan cuando las brasas terminan su trabajo. Las vistas desde el balcón, el altillo donde aparecían regalos, sonrisas infantiles y niños y niñas gozando escaleras arriba y abajo. Música de txistu, gaita o trikitixa, para recibir a Olentzero junto a cantos de otro tiempo. De repente, todo cambió. Mikel apura el café nervioso, puede que nada sea igual, pero que no nos vuelva a fallar; esa navidad que nos faltó.