El viejo tiovivo
Raquel Sánchez Corcuera nos escribe este relato breve
Hacía cinco años que no volvía a la feria en Navidad. De pequeña solía ir con mi tía, pero, desde que tuvo el accidente que le hizo olvidar quién era, no habíamos vuelto a aquel lugar lleno de bonitos puestos de artesanía y con un viejo tiovivo en el centro.
De pequeña miraba ensimismada aquel tiovivo, me parecía que venía del mundo de las hadas, con sus colores y sus luces maravillosas. Mi tía me miraba, sonriendo, y me decía: “¿Quieres que me suba contigo?”
Las Navidades no habían vuelto a ser las mismas desde aquel desdichado accidente.
Pero aquella tarde era diferente, mi madre y yo habíamos vuelto, llevando a mi tía con nosotras. Le habían dado el alta en la clínica, sin esperanza en que sus recuerdos volvieran.
Nos paramos delante del viejo tiovivo y... De repente, mi tía me apretó la mano, con las luces y los colores reflejados en sus ojos.
- ¿Quieres que me suba contigo? - Pronunció.