Bajo sus ramas
Itziar Pérez Vallespín nos escribe este relato breve
El árbol de Navidad, viejo y sereno, ha visto pasar los años y crecer, las manos que lo adornaban. Allí, en un rincón que cada diciembre le reservan, ha sido testigo silencioso de abrazos y risas. Tres generaciones han crecido bajo sus ramas. Y, a lo largo de los años, se ha convertido en un objeto. Uno que con el tiempo perdió parte de su encanto, un elemento decorativo más en la tradición familiar.
Pero algo ha cambiado. Frente a él, un par de ojos lo contemplan. Ojos que miran cada una de sus esferas; cada destello, como si fuera un milagro. Un bebé extiende una mano y lo toca. Curioso y asombrado. El árbol ya no es un adorno; es un universo de luces que parpadean, y colores que danzan. Un guardián de memorias y secretos que vuelve a vivir en una mirada de ilusión. Bajo sus ramas, regalos que prometen alegrías. En el silencio de esa sala, el árbol se siente nuevamente vital, parte de una Navidad que renace con el brillo de esos ojos, maravillados, mientras el tiempo y la magia se entrelazan bajo sus ramas.