Los cisnes se abren paso en Navarra y transforman el paisaje de sus humedales

Un cisne vulgar se dejó ver en el río Ebro, a la altura del Paseo del Prado de Tudela, el 30 de noviembre del año pasado
La presencia creciente de cisnes vulgares en ríos y lagunas despierta interés y plantea retos para el equilibrio natural

En las aguas de la Comunidad Foral han comenzado a verse con cierta frecuencia grandes aves blancas de cuello largo que llaman la atención desde lejos: los cisnes vulgares. Su presencia despierta la curiosidad de quienes pasean por riberas y humedales, aunque su aparición no es tan casual como podría parecer.

Presencia creciente de cisnes en Navarra

El biólogo de Ornitolan Gabriel Berasategui Echevarría explica que estas aves no son originarias de la zona. “Originalmente son asiáticas, aunque también existen en el norte de Europa”, aclara. Según señala, muchas de las parejas que hoy se observan en Navarra proceden de escapes de colecciones privadas o parques históricos.

Origen y expansión del cisne vulgar

La presencia del cisne vulgar en Europa tiene un origen histórico curioso. Entre los siglos XIII y XV fue introducido como elemento ornamental por distintas monarquías, que los utilizaban para decorar estanques y jardines privados.

En Navarra, la expansión comenzó con aves escapadas de espacios como La Taconera de Pamplona, y desde entonces han ido ocupando progresivamente lagunas y zonas húmedas de distintos puntos de la comunidad.

Dónde ver cisnes en Navarra

Actualmente pueden encontrarse en distintos puntos de la geografía navarra. Entre los lugares más destacados figuran la laguna de Loza, la balsa de Scoria, la laguna de Pitillas o los humedales de Soto de los Tetones en Tudela.

También se han observado en zonas próximas al Ebro, como Corella, así como en pequeñas balsas y charcas con abundante vegetación. En Tudela, incluso, se produjo un avistamiento en el propio río Ebro, donde un ejemplar se dejó llevar por la corriente antes de emprender el vuelo, una escena poco habitual en este tramo.

Estos espacios ofrecen aguas tranquilas y refugio natural, condiciones ideales para que la especie pueda alimentarse, descansar y reproducirse.

Comportamiento y defensa del territorio

A simple vista transmiten calma y elegancia, pero durante la época de cría su comportamiento cambia notablemente. Los cisnes mudos se vuelven muy territoriales y defienden con intensidad el espacio donde anidan.

“Se inflan, recogen el cuello y hacen un siseo bastante imponente”, describe Berasategui. Si el intruso no se retira, pueden llegar a atacar con picotazos o fuertes aletazos.

Ese comportamiento protector recuerda al de otras aves domésticas y obliga a mantener cierta distancia, pese a su apariencia tranquila.

Impacto de la intervención humana

Su tamaño y cercanía al público hacen que muchas personas sientan la tentación de alimentarlos, especialmente con pan. Sin embargo, esta práctica puede generar desequilibrios ecológicos.

“Al final, lo que hacemos es desequilibrar. Si les damos pan, se reproducen más y pueden afectar a otras especies autóctonas”, explica el biólogo. Los cisnes son aves herbívoras que encuentran alimento de forma natural en su entorno.

La intervención humana puede generar dependencia y alterar el equilibrio del ecosistema, afectando al conjunto de especies que comparten estos espacios.

Observación y ciencia ciudadana

Más allá de su presencia llamativa, los cisnes vulgares ofrecen una oportunidad para acercarse a la ciencia ciudadana. Berasategui anima a quienes los observen a tomar nota de sus comportamientos y localizaciones.

“Podemos hacer un ejercicio de etología muy sencillo: observar su comportamiento y anotar fechas y lugares”, propone. Esa información permite seguir la evolución de las poblaciones y comprender mejor su adaptación.

La observación atenta ayuda, además, a entender cómo las especies interactúan con el entorno y con la presencia humana, en un paisaje donde historia y naturaleza se entrelazan.

Los cisnes vulgares representan, en cierto modo, ese cruce entre pasado y presente. Introducidos como elemento ornamental, hoy forman parte del paisaje de muchos humedales navarros, donde su figura elegante y su vuelo silencioso convierten cada encuentro en una escena difícil de olvidar.

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