Plaza Nueva

  • Diario Digital | miércoles, 26 de febrero de 2020
  • Actualizado 06:51

CORELLA

Una ciudad abigarrada, la Corella del Barroco

El historiador Andrés J. Sanz Fernández reflexiona acerca de la Corella barroca y nos muestra su visión personal sobre el camino que están cogiendo las próximas Jornadas Barrocas que se avecinan.
La Casa de las Cadenas en Corella
La Casa de las Cadenas en Corella
Una ciudad abigarrada, la Corella del Barroco

Cuando hablamos de Corella, lo primero que nos viene a la mente es su esplendor barroco, la mayoría de los locales y visitantes, asocian la ciudad, a su casco histórico, a su entramado de calles ornamentadas con grandes palacios, iglesias y conventos.

Ciertamente, la época barroca es el periodo artístico que mayor repercusión tuvo en la ciudad, pues en primer lugar, acabó con cualquier resto anterior a dicha época, además de venir acompañado de un auge económico en las familias nobles, la ascensión de corellanos a cargos de importancia en el gobierno, en la iglesia, en el ejército, etc.

¿Cuál fue la causa de dicho esplendor? Pregunta sencilla de responder, ya que en Corella se juntaron varios factores de importancia, por un lado la existencia de familias nobles que se habían dedicado al campo teniendo grandes extensiones de terreno de cultivo supieron aprovechar el momento oportuno y virar sus negocios hacia el comercio lanar con Inglaterra, Flandes, Francia, de donde obtenían importantes ingresos y prestigio. Dicho auge económico de las familias hizo que construyeran numerosos palacios no solo para ellos sino para sus descendientes, tal y como hizo D. Agustín de Sesma y Sierra, que se ocupó de proveer a sus seis hijos.

A ese factor de auge económico gracias a los negocios que hemos comentado, hay que añadir también el auge eclesiástico, pues Corella fue punto de interés para que numerosas órdenes religiosas se asentaran en la ciudad, comenzando con la primera de ellas en 1595 al ser los Padres Carmelitas Descalzos los que gracias a la solicitud municipal fundaron en Corella el primer convento de la ciudad. Con ello también crecieron las parroquias, aumentó el número de artífices que construían los palacios, ampliaban los templos, elaboraban los retablos, etc. creando un gran gremio de artistas, que venían desde lugares lejanos, gracias a la fama que alcanzaron trabajando para las mejores catedrales y para los más importantes nobles de la comarca.

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Un hito importante también fue la concesión a Corella del título de ciudad aquel lejano 6 de febrero de 1630, de manos del monarca Felipe IV, que incluía el asiento de la ciudad en Cortes a su vez de numerosos beneficios. 

Todo lo anterior motivó un aumento de población, así como que numerosos corellanos salieran fuera no sólo de la ciudad, sino incluso de España con el fin de hacer carrera, obtener beneficios y destacar. Fueron varios corellanos los que enviaran grandes fortunas obtenidas en países lejanos para construir conventos, casas palacios así como retablos, joyas y artes suntuarias.

Todavía hoy, somos unos privilegiados al poder contemplar la forma de vida barroca en nuestras calles, iglesias no sólo a nivel material, sino inmaterial, ya que curiosamente, Corella es una ciudad rica en tradiciones propias del barroco, que han permanecido inalteradas hasta nuestros días. Destacan por ejemplo la procesión del Santo Entierro de Corella, la festividad del Corpus Christi, la fiesta de la Virgen del Carmen, las corridas de toros y un largo etcétera.

Para seguir recordando nuestra historia y con el fin de no perderla, el Ayuntamiento de Corella en el año 2004 inició unas Jornadas Barrocas, dedicadas a difundir el patrimonio histórico y artístico así como divulgar por medio de una representación teatral la llegada de Felipe V con su familia y corte a nuestra ciudad aquel lejano 14 de junio de 1711, venida inducida por diversos motivos, tales como la Guerra de Sucesión, la enfermedad de María Luisa Gabriela Enmanuela de Saboya, el parentesco entre el Secretario de Guerra del rey y D. Agustín de Sesma y Sierra, etc.

Aquellas Jornadas Barrocas (tal como se denominaron) tenían una semana de duración y entre sus numerosos actos encontrábamos conferencias, exposiciones de patrimonio, taller de dorado y policromía, taller de costura y confección de trajes, taller de restauración, cena barroca, mercado popular (o me atrevería a llamarlo “mercado medieval”, organizado por la empresa Eventos Los Templarios), desfile, música en la calle, etc. Ciertamente que entonces se iba a lo grande, con pagos a ponentes, copiosos aperitivos, etc. y que realmente, había que haber buscado un término medio. Y tal y como dice el refrán, “de esos barros, estos lodos”, las jornadas han ido desvirtuándose, bien por el cierre de la Oficina de Información y Turismo, con la correspondiente ausencia del Técnico de Turismo, bien por la falta de interés y motivación de sus organizadores o por la excesiva repetición anual de los actos.

Ahora, ha llegado el momento de celebrar las XV Jornadas Barrocas de Corella, que tendrán lugar a lo largo de este próximo fin de semana (del 25 al 27 de octubre), donde se recreará uno de sus momentos históricos más importantes dentro del siglo XVIII, ya que se conmemora de forma anual la llegada de Felipe V a la ciudad.

Este año, al igual que los anteriores, aunque supuestamente las Jornadas son para dar a conocer nuestro rico patrimonio histórico-artístico, han vuelto a caer en la repetición, a la que se ha añadido un concurso de vestimenta y la cena barroca que fue suprimida hace varias ediciones así como novedoso el “paso de ovejas” conocido como trashumancia, algo poco probable que sucediera en la época barroca en Corella, aquella que cambió los negocios ganaderos de los nobles por los del comercio con la ansiada lana de las mismas, considerando la nobleza a la ganadería ya como algo de segunda categoría. Está claro que se ha perdido el objetivo primitivo que tuvieron dichas Jornadas Barrocas iniciales.

Ya sé que las comparaciones son odiosas, pero si leemos en la prensa las colosales cifras del turismo que hay en Fitero y las comparamos con Corella que apenas sale en los folletos publicitarios, veremos que algo estamos haciendo mal. También es comparable con las Jornadas Barrocas de Villafranca, del que en ocasiones he sido partícipe, o las conocidas Jornadas Medievales de Cornago que acaban de celebrarse. En definitiva son claros ejemplos de localidades más pequeñas que la nuestra, que buscan dar no sólo a conocer su patrimonio sino los valores asociados a él, tales como la conservación, restauración, difusión, catalogación, etc. valores de los que Corella en absoluto podemos enorgullecernos.

Las obsoletas Jornadas Barrocas de Corella no tratan de innovar y atraer a visitantes sino de mantener una serie de actos que se repiten de forma anual, con el fin de crear algo de folclore y diplomáticamente hablando, de transmitir “algo” de cultura e historia. No digo que estén mal planificadas, ya que es de agradecer el que nuestro Ayuntamiento pueda contar con la inestimable y desinteresada ayuda de numerosos colectivos que ofrecen su tiempo para realizar diversos actos a los cuales les expreso desde estas líneas todo mi agradecimiento y reconocimiento, pero sí que digo que lo que se ha organizado es insuficiente y repetitivo, si lo comparamos con localidades más pequeñas y con menos patrimonio que Corella. Bien estaría a su vez conocer el coste que tendrán dichas Jornadas ya no por elevado o reducido, sino por ser o no proporcional a los actos.

Si además de lo anterior, nos centramos en el aspecto de contenidos históricos y artísticos, esta Jornada recoge muy bien que la única forma de instruir a los visitantes y corellanos sobre nuestro barroco es únicamente acudir a las visitas guiadas que en alguna ocasión he visto promocionarlas como “la historia que debes conocer”. En estas Jornadas Barrocas (y quizá también en alguna de las anteriores) vemos que brilla por su ausencia el mostrar a los visitantes el sentir barroco, la forma de vida que hubo, especialmente para conseguir que se valore nuestro barroco y que se conserve. Necesitamos crear una opinión crítica, necesitamos personas que se acerquen a la cultura no sólo como espectadores, necesitamos que reflexionen acerca de la conservación y restauración de edificios históricos, etc. ¿Qué cosas de estas que comento se llevan a cabo en las XV Jornadas Barrocas?

Esto no es nuevo ni llevo diciéndolo solo este año, pues es una opinión personal que tengo desde hace más de diez años, esperando que algún día no lejano llegue el ansiado “cambio”, aquel que traiga la innovación y que haga de Corella una ciudad imprescindible de conocer por parte de los locales y de los visitantes.

¿Por qué no se aprovechan todos los recursos que tenemos en Corella tanto a nivel de patrimonio como a nivel personal? Pues hemos caído en el soliloquio de que conocer Corella es recorrer cerca de una veintena (y me quedaré demasiado largo) de fachadas que la mayoría de los corellanos están cansados de escuchar. ¿Quién ha escuchado doscientas veces la historia de que Felipe V vino a Corella? Seguro que me quedaré corto si digo que el 50% de los corellanos conocen la historia esa. Ahora bien, ¿Quién sabe que en Corella hay un cuadro de Velázquez y su escuela, así como dónde está? Salvo un círculo cercano y pequeño nadie levantaría la mano.

Viene a cuento el refrán aquel de que “nadie es profeta en su tierra” y a la vista está, preferimos permanecer desde las instituciones en nuestra zona de confort que arriesgar, dar oportunidad a numerosos corellanos a que nos cuenten sus investigaciones, tal y como lo han hecho ya en otros municipios. Corella es diferente, es barroca en cuanto a las relaciones personales con las instituciones. En nuestra ciudad buscamos dar a conocer un discurso aprendido, en el que la gente que nos visita no pregunte demasiado, no incomode y cuestione.

¿Quién no recuerda actividades y Jornadas Culturales que desde el Grupo de Historia de Corella coordiné y organicé durante 6 años consecutivos? Siempre estaban relacionadas con la historia y el patrimonio de nuestra ciudad, siempre las realicé a parte de la programación cultural del Ayuntamiento, y cierto es que conseguimos muchísima afluencia de público sin ocasionar ningún coste para el municipio. Por mi parte he de decir al respecto aquella rima de Gustavo Adolfo Bécquer de “volverán las oscuras golondrinas”, eso sí, cuando vea los tiempos propicios, de unas instituciones que apoyan la cultura, fomentan la difusión de la historia, animan y apoyan a cuantas personas desinteresadamente trabajan para dar a conocer su legado y, en definitiva, cuando se busque innovar y no cumplir el expediente, haciendo una mera copia de Jornadas Barrocas de años anteriores. Lo que está claro es que no se puede estar siempre a expensas de lo que organice la iniciativa personal y privada de cada uno para dar a conocer nuestra ciudad. 

Desde luego que las posibilidades que Corella ofrece son muchas, que la historia que tenemos es abundante, que el patrimonio que conservamos (descontando el que se perdió) todavía sigue siendo muy grande, y que a veces podemos ver que las ganas de las instituciones por dar a conocer nuestra ciudad flaquean (permíteme decir que “un poquillo”).

En definitiva, esperemos que la realización de estas Jornadas Barrocas no solo produzcan beneficios con la llegada de turistas, sino que también den a conocer un pasado que durante siglos ha sido conservado y que muchas veces los propios convecinos no son conscientes del valor que tiene.

Así pues, me despido con el deseo de animar al Ayuntamiento y vecinos de Corella a seguir dando a conocer su excelente patrimonio histórico y artístico no sólo a los visitantes sino también a los corellanos/as como testigo de un pasado esplendoroso y sin caer en el error de monotonías que hablen de Jornadas Barrocas sin hablar ni tan siquiera de la historia y lamentable destino del palacio de los Aguado o el de los Octavio de Toledo (por ejemplo) así como de la arquitectura barroca propia de nuestra ribera.

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