Paco Cascán, el maestro de los belenes reciclados
Este conocido tudelano dedica todo el año a crear belenes artesanales donde transforma materiales cotidianos en escenas hechas con una meticulosa paciencia
- Paco Cascán, el maestro de los belenes reciclados
- Una pasión que no termina nunca
- Ebanistería, tradición y memoria de Tudela
- El banco de la Avenida del Barrio
- El arte de transformar lo cotidiano
- Una tradición que emociona
- Un taller convertido en refugio
Paco Cascán, el maestro de los belenes reciclados
Si se habla de belenes en Tudela, es imposible no detenerse en la figura de Paco Cascán Grávalos. Este conocido tudelano dedica todo el año a crear belenes artesanales en los que transforma materiales cotidianos en escenas llenas de detalle y paciencia infinita. Basta con acercarse a su domicilio en la calle Moncayo, preguntar por él y adentrarse en un universo en miniatura que emociona a quien lo visita.
Una pasión que no termina nunca
Mientras muchas familias guardan el belén al terminar la Navidad, Paco empieza justo entonces a imaginar el siguiente. Su ciclo navideño no concluye nunca del todo. Cuando todavía quedan turrones en la despensa, él ya piensa en balcones, portones, calles y miradores de un belén que aún no existe, pero que ya visualiza con absoluta nitidez. “No me pongo ahora con el de 2026 porque me da vergüenza”, comenta entre risas.
El belén no se desmonta de inmediato. Permanece intacto hasta finales de enero o principios de febrero, como si necesitara un tiempo de despedida. Solo entonces se cierra una temporada que, en realidad, ya está dando paso a la siguiente.
Ebanistería, tradición y memoria de Tudela
Ebanista de profesión, Cascán crece entre sierras, tableros y olor a madera recién cortada. De sus padres hereda la afición por el belenismo, aunque con los años la convierte en una forma muy personal de interpretar Tudela. Cada año levanta un belén completamente distinto: nada se repite salvo algunas figuras queridas; casas, caminos y escenarios nacen siempre de cero.
En su mesa de trabajo aparecen en miniatura la Catedral, la Ermita del Cristo, Santa Quiteria, la Magdalena o cualquier rincón reconocible de la ciudad. Su destreza atrae con el tiempo a amigos y vecinos que acuden en busca de consejo. Paco siempre encuentra un rato para atenderlos.
El banco de la Avenida del Barrio
Buena parte de sus ideas nacen lejos del taller, en un banco de la Avenida del Barrio. Cada tarde se sienta allí con vecinos, entre conversaciones, meriendas improvisadas y anécdotas repetidas. Desde ese banco observa un contenedor cercano y el ir y venir de cajas de electrodomésticos, televisores y embalajes.
Donde otros ven desechos, Paco ve materia prima. Cartones que se convierten en muros, cornisas, balcones o tejados que acabarán formando parte de su belén. “Hasta el cartón lo aprovechamos”, explica.
El arte de transformar lo cotidiano
Su estilo se apoya en una mirada muy clara: convertir un residuo en algo bello. Las varillas verdes que pierde la barredora municipal se transforman en barandillas; el plástico transparente de cajas de muñecas acaba siendo cristal para ventanas; y las piñas de los pinos del hospital, desgranadas una a una, se convierten en troncos de palmeras.
La pintura también sigue esa filosofía. Utiliza pintura al agua reciclada, reservando la compra de algún bote nuevo solo para matices concretos. Con capas finas consigue unidad, textura y armonía en cada escena.
Una tradición que emociona
Participa en concursos como el de la Peña La Teba, aunque los premios nunca son su motivación. “Yo lo monto porque me gusta, la Navidad me emociona”, defiende. Su belén actual incluye un cortijo, el pesebre, los Reyes caminando hacia la escena principal y, al fondo, la Torre Monreal como guiño inevitable a Tudela.
Es su forma de recordar que, aunque represente Judea, sigue hablando de su ciudad.
Un taller convertido en refugio
La vivienda que un día perteneció a su hija se convierte con el tiempo en su taller. Allí acumula sábanas pintadas que usa como terrenos, casas de corcho, árboles artesanales y decenas de piezas en proceso. Trabaja solo, sin prisa, entregado por completo. “Lo hago solo, lo disfruto mucho”, confiesa.
Vecinos, escolares y curiosos entran y salen con frecuencia. A él le divierte ese movimiento constante: “Si vienen, vienen. Y si no vienen, ellos se lo pierden”. Porque para Paco, montar un belén no consiste en colocar figuras, sino en construir un mundo con alma. Quizá por eso su nombre ya forma parte de la Navidad tudelana.
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