El Orfeón Tudelano, 100 años de su aparición
El día de Año Nuevo de 1925, es decir hace cien años, se presentaba al público en la catedral de Tudela el flamante Orfeón Tudelano
Este acontecimiento hay que incluirlo en los nuevos aires culturales que corrían por la ciudad y que propiciaron la aparición de nuevos periódicos, sociedades culturales y el Sindicato de Iniciativas y Turismo, cuyos estatutos promovían “llevar a la práctica toda clase de ideas que redunden en beneficio de Tudela”. Eran tiempos donde una juventud ilusionada buscaba nuevos caminos. No es casualidad que se creasen grupos de teatro, de música y que conviviesen en la ciudad personalidades como el escritor José María Iribarren, el poeta y autor dramático Alberto Pelairea, historiadores como José Ramón Castro y Francisco Fuentes, o músicos y pintores como Fernando Remacha y Miguel Pérez Torres, por no citar sino los que tienen calle o estatua dedicada a su recuerdo.
Los inicios
Si repasamos la prensa de la época comprobamos que la idea de formar una masa coral no era nueva y que el proyecto se aceleró al crearse una Comisión Organizadora, apoyada por Ayuntamiento y que, en palabras de El Eco del Distrito (21 de septiembre de 1924), “afortunadamente se contaba con la adhesión de un pueblo deseoso de oír el arte ejecutado por el arte”. Quizás el impulso definitivo fue la actuación del Orfeón Pamplonés, dirigido por el mítico Remigio Múgica, en las fiestas de Santa Ana de 1924, con dos actuaciones en lugares abiertos. Una en el patio del colegio de Jesuitas y la segunda en la Plaza Nueva. Ambas -según El Porvenir Agrícola- seguidas con “religioso y sepulcral silencio (y donde) el pueblo dio muestras de compostura y mostró saber gustar instintivamente las cosas bellas”.
Pasado el verano la Comisión Organizadora presidida por Germán Aráiz y el director del coro Estanislao L. de Robles organizaron los ensayos entre el asombro de muchos tudelanos y el apoyo de la prensa local. Singularmente El Eco del Distrito (4 de noviembre) que con un vibrante: “Adelante Orfeonistas” animaba a los jóvenes cantores.
“Cuan hermoso es ver también a nuestros jóvenes cansados de las fatigas del campo, del trajín de los talleres, y del trabajo de la fábrica hurtan tiempo al descanso, se ciñen a la labor del orfeón, ensayan, aprenden, repiten y por fin bordan la pieza con todas las de la ley.”
Llega el gran día
Con la llegada del nuevo año y día señalado, el nutridísimo Orfeón Tudelano -nada menos que 144 ejecutantes- salió del ayuntamiento y se dirigió a la catedral. Allí en la capilla de Santa Ana, orfeonistas y público oyeron misa oficiada por don Francisco Fuentes, también miembro del orfeón en la cuerda de bajos, y cantaron una plegaria a seis voces dirigida a la Patrona. Terminado el acto “a solicitud del inmenso público que asistía” salieron a la Plaza Vieja y ante la reja de Santa Ana, en agradecimiento al calor de los fervientes aplausos, interpretaron “La sardana de las monjas”, de gran popularidad entonces.
Paralelamente había surgido una nueva entidad musical, la Sociedad Filarmónica Tudelana, dirigida por el joven maestro Luis Gil Lasheras y cuya sede social estaba en Las Herrerías, en el vetusto y destartalado Teatro Principal, donde ensayaban. Así dibuja el ambiente musical El Porvenir Agrícola en su número del 1 de febrero.
“Del entusiasmo que ha despertado, sobre todo en el elemento joven, da idea el ver que todas las noches, privándose voluntariamente de sus diversiones y tal vez a costa de sacrificios, asisten puntualmente al Teatro Principal para aprender las lecciones de música y ensayar las obras para hacer repertorio, en medio del mayor orden, compostura y respeto mutuo.”
Por todo ello, pocos se extrañaron cuando los periódicos locales anunciaron un gran concierto que coro y orquesta iban a ofrecer en la primavera. Como signo de los nuevos tiempos eligieron el Salón Novedades, flamante teatro inaugurado unos años antes, en 1921. Aquel domingo, 19 de abril, con el salón casi al completo, el laureado poeta Alberto Pelairea subió al escenario y presentó a las dos agrupaciones musicales. Eran tiempos donde la poesía tenía gran relevancia en la prensa, que publicó integro el poema:
Unos buenos tudelanos
con esfuerzos soberanos
se han unido como hermanos
en artística misión,
y en victoria manifiesta,
hoy nos traen a esta fiesta,
los acordes de una orquesta
y el cantar de un orfeón.
(…)
Antes ya, en bella mañana,
en el al altar de Santa Ana,
prendió su flor más temprana
este Orfeón que aquí está.
Porque ha de ser en Tudela
toda flor que al viento vuela,
primero para esa Abuela
que su protección nos da.
(…)
Y entre esas notas galanas
habrá voces soberanas
de mujeres tudelanas
que este acto han de realzar,
las que Dios nos hizo un día
de amor, de Fe, de armonía,
y a las que el Poeta envía
la luz del mejor cantar.
Y habrá voces del que siega,
del que lima, del que riega,
porque el arte a todo llega
con su mágico poder;
voces del que es potentado
o al trabajo vive atado,
voces de pluma o de arado,
de Bardena o de taller.
Con música tan hermosa
tan valiente y fervorosa
está Tudela orgullosa
y con razón en verdad
que un pueblo todo nobleza
que trabaja, canta y reza,
le da a su Patria grandeza
y eso hace nuestra Ciudad.
Porque hay buenos tudelanos
a quien hizo el arte hermanos,
para los que a vuestras manos
yo les pido una ovación,
que en victoria manifiesta
por Ellos en esta fiesta
ha de tocar Nuestra Orquesta
y cantar Nuestro Orfeón
En esta armonía santa
y en acordes de hermandad
es Tudela la que canta:
¡Tudelanos, escuchad!
Una gran ovación acogió sus palabras y seguidamente la orquesta abrió el programa con dos obras largamente aplaudidas. Continuó luego el orfeón que tuvo que repetir la última de las canciones “La sardana de las monjas” ante el entusiasmo del público. Si saltamos la prensa local y nos acercamos al Diario de Navarra, su crónica constata que en el coro “existen muy buenas y frescas voces de bastante empaste y cohesión y las cuerdas están bastante equilibradas”. La segunda parte la copó la orquesta, destacando los preludios de la zarzuela de tema tudelano ‘La tarde del Cristo’, que había sido compuesta recientemente con música del maestro Luis Gil y letra de Alberto Pelairea. Cerró el concierto el Orfeón con la conocida jota de Brull ‘Viva Navarra’ que levantó al público y hubo de repetirla entre grandes aplausos.
El crítico del Diario de Navarra subrayaba la labor de ambos directores. De Estanislao Robles destaca que había logrado “formar estupendamente esta masa coral que es una esperanza rebosante de optimismo para el porvenir”. Aún fueron más claros los elogios al joven director de la orquesta: “Es el señor Gil un muchacho que indiscutiblemente promete mucho en su carrera de compositor”.
Estuvo clarividente el autor de la crónica pues Luis Gil Lasheras (1896-1972) fue, a lo largo de su vida, autor de muchas y bellas composiciones, entre ellas zarzuelas y música de banda, pero ha pasado a la posteridad por ser quien compuso el baile de ‘La Revoltosa’ convertida hoy en un icono indispensable de las fiestas patronales de Tudela. Menos conocida es su faceta de investigador de la música popular, pues en los años cuarenta, por encargo del CSIC, recopiló danzas y canciones de la Ribera de Navarra, como ha puesto de manifiesto la profesora Gembero Uztarroz en su trabajo ‘Músicas de tradición oral en Navarra (1944-1947). Recopilaciones conservadas en la Institución Milá y Fontanals del CSIC en Barcelona’, revista Príncipe de Viana, 2011.
Corta vida del orfeón
Volviendo al Orfeón Tudelano, a pesar de los buenos augurios, tuvo una vida corta, aunque brillante. Además de las numerosas actuaciones en la ciudad, intervino en Zaragoza, Pamplona, Tarazona y también en lugares cercanos como Corella y Cascante, donde triunfó con un repertorio extenso y variado. Sin embargo, el entusiasmo de los componentes no fue suficiente para mantenerlo vivo mucho tiempo. En fecha desconocida para mí, desapareció y hubo que esperar hasta 1955, cuando el gran Fernando Remacha volvió a crear un nuevo coro que se llamó simplemente: ‘Coro de Tudela’.