Tudela

Lidiar con las mulillas

El trabajo de los mulilleros de la “Chata de Griseras” comienza mucho antes del inicio de los festejos taurinos. Y es que, desde que se recuperara esta tradición, las mulillas bajan hasta la plaza de los Fueros para acompañar a las peñas en su popular subida hasta el coso tudelano. Es ahí donde se inicia la labor de los mulilleros ya que, antes de acompañar a los equinos hasta la plaza Nueva, ellos son quienes se encargan de ataviarlos, como de costumbre, con sus mejores galas.

Cambio por caballos

En Tudela, las mulillas se adornan con diferentes aparejos, que son propiedad del Ayuntamiento. “Un bridón con borlas y campanillas, también un collarón normal con dos banderas clavadas en la parte superior, una manteleta con el escudo de nuestra ciudad y los tirantes, amarillos por dentro y naranjas por fuera. Además, antes completábamos este atuendo con baticolas, pero ahora ya se ha perdido esa tradición. Sin embargo, excepto las baticolas, las mulillas de Tudela van vestidas completamente” comenta Tomás Ibarra, que durante 30 años ha ejercido como mulillero en la plaza de Tudela.

Una de las curiosidades de estos animales es que, a pesar de que se les denomina mulillas, en la capital ribera hace tiempo que éstas no se emplean en los festejos taurinos, ya que su lugar lo ocupan ahora los caballos. “Hace tiempo el papel de las mulillas sí lo realizaban las mulas de tiro, pero ahora se han sustituido por caballos, que lo mismo se utilizan para el arrastre que para picar a los toros y que son mucho más problemáticos porque al no ser animales de tiro están más resabiados y además, como cambian cada año, e incluso de un festejo a otro, pues no los conoces” asegura Ibarra.

De cualquier forma, bien con mulas, bien con caballos, la labor de estos trabajadores de la plaza de toros no resulta tan sencilla como podría pensarse a priori. Y es que, el trabajo con animales siempre entraña ciertos riesgos. Y así lo manifiesta Tomás Ibarra que, aunque ha dejado de ser mulillero hace ya cuatro años, tiene una gran experiencia de más de tres décadas en esta profesión. “En la plaza de Tudela hemos vivido de todo y nos hemos llevado muchos sustos pero, afortunadamente, en todos los años que yo he estado de mulillero, tan sólo hemos tenido un accidente importante y fue por un error humano, no por los animales”.

Gente preparada

Sin embargo, y a pesar de los riesgos de este trabajo, es indudable que también tiene sus recompensas, “sobre todo la cuadrilla de amigos que haces con tus compañeros, porque tenemos que ser como una piña, y también, la alegría que da volverse en el patio, después de salir a la plaza, y ver que todos los animales te han seguido, porque no es algo tan fácil”, señala Ibarra.



Asimismo, otro de los momentos que más satisfacción produce a los mulilleros es acompañar a las peñas de Tudela en su subida a la plaza de toros. Una de las costumbres más populares de las fiestas de Santa Ana, en la que todos los presentes tienen la oportunidad de ver de cerca a las mulillas.