Plaza Nueva

  • Diario Digital | lunes, 24 de febrero de 2020
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Verdad, bondad, belleza

Verdad, bondad, belleza

La actual realidad política navarra y española  lleva mucho tiempo con la idea original de democracia perdida en un miasma obsoleto, sectario, partidista y aún peor, actualmente frentista, por obra y gracia de una ideología, la “republicana”   comunista,  totalmente desleal con nuestra sociedad, a la que lleva atacando con un discurso manipulador “franquista” desde  el mismo día que se estableció la Constitución Democrática del 78, que nunca aceptaron. 

Durante todos estos años “estaizquierda” (nombrémosles: PCE/IU-hoy-Podemos, ETA/Matasuna/Bildu, ERC, y la parte “republicana” presuntamente “de izquierda” del PSOE, un partido de burguesía “progresista” condicionada por sus dogmas y su “historia”) no ha hecho absolutamente nada para que el sistema democrático del que se dotó democráticamente la ciudadanía española tuviera éxito.       

No solo han intentado acabar con la democracia  por medio de atentados terroristas “nacional” comunistas  jaleados y apoyados (no solo intelectualmente) desde el comunismo “internacionalista” digamos “estatal”, sino que todo intento de defensa por parte del Estado Democrático atacado ha sido inmediatamente utilizado para denigrar a ese mismo estado y ningunear su carácter democrático.  Como sabemos, para la miseria intelectual de los “alsasuizadores”, Franco lo dejó todo “atado y bien atado”, y ustedes mismos pongan aquí todas las conocidas chorradas al uso desde su propia “brunete mediática” en Twitter, Facebook, blog en Google, Wordpress o periódico, porque la libertad de prensa, para el ladrón que se cree que todos son de su condición, es “franquista”. Excepto claro, los medios que ellos usan para su manipulación, que son los que nos dicen la “Luminosa Verdad” de su credo dogmático, de acuerdo con las sabias palabras de Salvador Allende  (promotor intelectual del actual “Frente Amplio” comunista en el que ha caído el socialismo de la “memoria histórica”) para el que la objetividad no debería existir en el periodismo, porque “el deber supremo del periodismo de izquierda no es servir a la verdad, sino a la revolución”*.

Durante estos cuarenta años, estas fuerzas (las de la “descolonización” y actual “indigenismo”, las del “socialismo real” guevarista de la actual internacional disfrazada de populismo con sede “en Cuba” y sus intereses geoestratégicos “antiglobalización” contra el Imperio “Capitalista”, las democracias euroamericanas) y sus permitidos  medios de manipulación de masas (Egin fue un ejemplo preclaro, pero ETB2 también podría servir) han estado  sistemáticamente denigrando y devaluando, como digo, el sistema democrático español.  Ellos, que son puro supremacismo étnico o ideológico, nos pretenden ilustrar a los demás sobre la  “verdadera democracia” (que, naturalmente, es “la suya”, no la de todos). Y pretenden imponer su totalitarismo al primer y único estado democrático real y verdadero que ha habido en España, establecido por verdadero consenso no sectario de todos, hecho por todos y para todos, y que ha permitido que España se reencuentre consigo misma, con su verdadera realidad, acabando así por fin con el ciclo histórico que comenzó con el shock externo producido por la invasión francesa, que llevó a la implantación en España de ideologías extrañas y distorsionó totalmente el devenir de España, que entonces  era un imperio transcontinental y hoy podría haber sido un gran estado transcontinental, democrático, constitucional y organizado como Estado de autonomías (el desarrollo moderno y brillante del concepto “foral”, que es genuino, y que nada tiene que ver con “nacionalidades” fantasiosas o “federalismo” impostado) y constituir una cultura que diera otra estabilidad a este mundo.

Pero volvamos al tema: los padres fundadores de la democracia moderna buscaban esencialmente un sistema político que permitiera al ser humano la búsqueda de la felicidad. Una búsqueda a través del conocimiento de la realidad que se basaba (y aún se basa, y se basará siempre) en la libertad de una conciencia que naturalmente busca verdad,  bondad y  belleza. Esta búsqueda es el fundamento de la democracia, y el cultivo de la  mentira, la maldad y la fealdad no lo es.

Y aquí hemos llegado al momento actual: ¿Cómo es posible aceptar cínicamente la mentira expresada sin tapujo alguno como “hecho” político aceptable? (Por ejemplo, que el 1-O de 2017 se celebró un referéndum, o que Navarra es “vasca” o Cataluña “una nación”, ese concepto totalitario y fantástico) ¿Cómo es posible, para un ciudadano demócrata libre, aceptar como válidas todas las mentiras y la manipulación que desarrollan contra la democracia (en Navarra y en España) tanto el nacionalismo como los actuales “populistas” de “izquierda”? ¿Por qué tenemos que seguir aceptando, si somos seres humanos libres, todo el sectarismo ideológico obsoleto que nos pudre como sociedad?

La respuesta es que NO tenemos por qué hacerlo. Sobre todo si los hombres y mujeres libres nos damos cuenta por fin de que, para la nueva sociedad inteligente democrática del Siglo XXI, las ideologías del XIX son solo datos, no credos dogmáticos, parte de la “info” cultural, no dogmas de fe totalitaria,  que gobernar desde la Sociedad Inteligente es programar inteligentemente la obsolescencia del actual sistema/crisis, y que programar la obsolescencia de este sistema/crisis, tan fósil como la energía que lo sustenta, implica, también, programar la obsolescencia de los propios partidos políticos sectarios que son producto y actúan en función de esas ideologías obsoletas (comunismo, fascismo, socialismo, liberalismo, anarquismo, nacionalismo, supremacismo, populismo) originadas en el Siglo Fósil.

Sociedad inteligente y democracia: verdad, bondad, belleza. Necesitamos parar las mentiras, la maldad, y la fealdad política de las ideologías sociópatas “todo a cien” que nos enferman. Ya basta. Cambiemos el sistema: empecemos por terminar con los partidos políticos como herramientas de intermediación institucional. Listas abiertas, para comenzar.

(I Congreso Nacional de Periodistas de Izquierda,  discurso recogido por El Mercurio, 9 de Abril de 1971)