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  • Diario Digital | jueves, 24 de septiembre de 2020
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A la montaña le gusta el romero

A la montaña le gusta el romero

La cuenca del Mare Nostrum ha sido cuna de diversas civilizaciones a lo largo de la historia de la humanidad. Numerosos asentamientos humanos prehistóricos se establecieron cerca de sus costas debido a la benignidad del clima, a la fertilidad de los suelos bañados por ríos y arroyos que desembocan en el mar y a la abundancia de recursos que proporcionaban los bosques cercanos. Sin embargo, no estamos solo ante una zona de gran relevancia humana y cultural, sino que, además, se trata de una zona biogeográfica de un enorme valor ecológico.

Su situación, entre los sistemas dunares y el interior, hace que los bosques mediterráneos jueguen un papel importantísimo como barrera al avance de la desertificación, manteniendo la integridad de los suelos y regulando el equilibrio hídrico debido a que conservan el agua bajo sus raíces. Existe la creencia, ampliamente extendida, de que la abundancia de matorral es perjudicial para el bosque porque contribuye a la propagación de los incendios forestales; en consecuencia, es conveniente "limpiar" el monte de “maleza”. Nada más lejos de la realidad.

Un bosque no es un conjunto de árboles, sino un complejo ecosistema constituido por una gran variedad de especies vegetales y animales relacionadas entre sí: el dosel, o estrato arbóreo y las formaciones de matorral, sotobosque o estrato arbustivo, conforman el hogar de numerosas especies animales. Constituido por una mezcla de plántulas y árboles jóvenes, arbustos y plantas herbáceas, el sotobosque reviste una importancia fundamental en el desarrollo y mantenimiento del espacio forestal. 

El dosel vegetal reduce la radiación solar, evitando así un rápido calentamiento del suelo y ralentizando la evaporación. Como consecuencia, la humedad en el sotobosque es mayor propiciando el florecimiento de hongos y otros organismos descomponedores, lo que, a su vez, favorece el reciclado de nutrientes y proporciona microclimas adecuados para muchos animales y plantas. Además, las especies botánicas que conforman el estrato arbustivo facilitan el enterramiento de semillas y la germinación de plantas, protegen el crecimiento de nuevos árboles, contribuyen a mantener el balance hídrico, mejoran la sujeción de suelo, representan el hábitat de numerosas especies: pequeños reptiles, insectos, etc., y son importantes productoras de frutos que suponen la base alimenticia de aves residentes y migratorias.

No es la presencia de matorral, ni tampoco los incendios debidos a causas naturales lo que ha supuesto la reducción de la superficie del bosque en el pasado ni la amenaza actual para su supervivencia. La deforestación, un clásico de la literatura histórica ambiental, es el resultado de la acción combinada de diversos agentes: la transformación del bosque en cultivos y pastos, casi total en las tierras fértiles cercanas a cursos fluviales; la explotación de madera para la construcción de barcos, una constante histórica para las sucesivas potencias navales del Mediterráneo; la extracción de combustible para la minería y el uso doméstico; los incendios provocados; el pastoreo, que impide la regeneración de las poblaciones de árboles y destruye el matorral, y la repoblación forestal con especies alóctonas, que desplazan el bosque original, son factores determinantes en la desaparición del espacio forestal mediterráneo.

El fuego es un factor ecológico, una perturbación que contribuye a la regeneración del bosque. De hecho, evitar a toda costa cualquier pequeño incendio originado por causas naturales provoca lo que se conoce como "paradoja del fuego", pues impedir los fuegos que se dan de manera natural en los bosques puede dar lugar a los denominados como GIF (Grandes Incendios Forestales), devastadores incendios catastróficos que alcanzan más de 500 hectáreas y que resultan enormemente difíciles de combatir arrasando todo el territorio a su paso; incluso esta catalogación se queda corta y ya se habla de megaincendios.

Los bosques incendiados, aunque estén muy afectados, se recuperan en pocos años como resultado de la adaptación de las especies que viven en ellos. Lo que sí causa graves daños son los incendios provocados: según el Ministerio de Medio Ambiente, la mayoría han sido causados por maniobras militares, prácticas agrícolas o ganaderas y combustiones originadas en vertederos. Otras razones para devastar la montaña, quemándola, han sido la especulación urbanística, favoreciendo la caza de determinadas especies y la posibilidad de vender la madera quemada como combustible.

En los años 80, la dinámica fuego-tala-urbanización afectó a una buena parte de la superficie boscosa andaluza. En 1992, el fuego allanaba el camino para construir el parque temático Terra Mítica y durante toda la década de los 90 los terrenos quemados pasaban a ser urbanizables. Estas actuaciones disminuyeron cuando tanto las leyes forestales autonómicas, como la Ley de Montes, estipularon que no se podían urbanizar los terrenos forestales calcinados en un período de 30 años.

Ganaderos y agricultores provocan, según datos oficiales, el 75% de los incendios en España y se cataloga, además, como intencionado y no negligente, el fuego causado por este motivo. Particularmente, en el caso de la ganadería la motivación es destruir el matorral primigenio, tan importante en el ecosistema para favorecer la creación de pastos y el paso de los animales, degradando el bosque. Un porcentaje elevado de los fuegos provocados que asolan los montes son causados por cazadores con el fin de provocar explosiones demográficas de especies como la perdiz, el conejo y la codorniz, lo que ocurre cuando disponen de espacios abiertos, así como para facilitar el tránsito de las presas y de los propios cazadores.

El bosque es un sistema complejo, y sin embargo se tiende a simplificar este sistema transformándolo en un parque de árboles espaciados sobre un suelo desprovisto de vegetación. Al eliminar el estrato arbustivo, cambian las condiciones propias del bosque, alterando todo el ecosistema.

La gestión ambiental debe considerar el bosque como una estructura capaz de autorregularse. Se altera el equilibrio a causa de actividades como el “aclareo” o la extracción de madera creando un problema que no existía para después imponer soluciones aún más dañinas para la biodiversidad forestal. Es primordial mantener los bosques íntegros para su buen funcionamiento; resulta fascinante comprobar la diversidad de árboles, arbustos, animales, hongos y microorganismos que alberga y las complejas relaciones que mantienen entre sí; los espacios forestales nos envían un gran mensaje de cooperación, una profunda enseñanza de la naturaleza de la que deberíamos aprender. 

"...Muy cerca está, romero,
la tierra verde y santa y florecida
de tus sueños;"                                Antonio Machado.