Plaza Nueva

  • Diario Digital | domingo, 28 de febrero de 2021
  • Actualizado 13:50

En España casi nada es lo que parece, se dice una cosa en público, y luego otra en privado. Estamos hartos por el tiempo transcurrido sin resolver el tema catalán. Los antiguos convergentes, en privado, reconocen su cansancio, muestran ganas de salir del lío, le ocurre lo mismo a la mayoría de gente normal, que les vendieron una Cataluña ‘Separada y Feliz’.

El tiempo ha desvanecido su sueño: con las puertas europeas cerradas, se encuentran desorientados, atrapados en unos corto plazos auto impuestos. En 2016 la miopía política secesionista catalana impidió articular la formación de un gobierno en Madrid favorable a sus pretensiones, por su exigencia obsesiva de su referéndum. El actual Gobierno de España en este tema es un gobierno con fuertes apoyos, sólido.

La gente no es tonta, quiere hablar de la deuda de la autonomía que asciende a 70.000 millones de euros, avalada por todos. Rajoy negociará sobre partidas económicas, pero nunca permitirá un referéndum. Rajoy ha demostrado que utilizando un perfil bajo está logrando desmontar situaciones complicadas. Ha conseguido evitar un choque frontal. Con la CUP, la situación se complicó más. Los que antes pedían diálogo como Guerra o Cebrián, ahora son partidarios de mano dura.

"En España casi nada es lo que parece, se dice una cosa en público, y luego otra en privado... Las fuerzas separatistas acabarán acuchillándose entre ellas"

 

El Gobierno sigue dispuesto a negociar. Tiene necesidad de construir un relato coherente –inclusivo- que busque la paz y prosperidad para todos. Su objetivo es restar el apoyo social a los radicales, haciendo les culpables del “choque de trenes” a los secesionistas. A los mentores del ‘prusés’ no les queda más salida que aumentar su apuesta declarándose en rebeldía. La alternativa del sentido común, pasa por poner a la CUP en su sitio, manifestando que la locura secesionista tiene que parar. La fuerza de la aplicación de la Ley debe ayudar.

Al Gobierno sólo le cabe cargarse de razón, esperando que las fuerzas separatistas acaben acuchillándose entre ellas. Por la presión de su corrupción del 3%, y por la aplicación de la Ley. Rajoy está demostrando que no es tan tonto como decían.

Ricardo Guelbenzu

Bodeguero