Plaza Nueva

  • Diario Digital | viernes, 14 de agosto de 2020
  • Actualizado 16:47

La postcovid-19

La postcovid-19

Esto de tener tanto tiempo libre entre confinamiento y vacaciones no sé si es muy positivo para mi mente. Hace unas semanas os aconsejé un libro de José Saramago “Ensayo sobre la ceguera”. Versa sobre una epidemia de ceguera que asola un país. En las últimas páginas de la novela, la epidemia desaparece tan repentinamente como había empezado. Uno de los personajes, después de recuperar la vista, lamenta que “somos ciegos que ven sin ver”. La “ceguera blanca” había cambiado su país, sus vidas y sus principios. Y leyendo “Ensayo sobre la ceguera” observé las grandes similitudes que hay respecto a otra enfermedad, la COVID19.

La COVID19 va a cambiar nuestro mundo, y no porque nosotros queramos, sino porque ya no podremos volver atrás. La pandemia promete poner fin a la globalización, acelerando la tendencia desglobalizadora que había comenzado con la recesión de 2008-2009. Va a ser difícil que los gobiernos de los grandes países desarrollados continúen asumiendo que deben importar todos los suministros sanitarios esenciales. Hoy seduce un imaginario de Estado-nación fuerte capaz de atender a sus ciudadanos con la debida diligencia. 

La COVID19 ha puesto en suspenso la democracia en muchos países, instaurando en muchos países el estado de emergencia. En las primeras etapas de la crisis, la gente optó por entregar buena parte de sus derechos a los gobiernos, pero en un futuro no muy lejano, la sociedad será cada vez menos generosa con los gobiernos a medida que la preocupación por la economía suplante a la de la salud pública.

La COVID19 puede hacer desaparecer a la Unión Europea. Si nacionalismos, como el húngaro de Orban, aprovechan las crisis internacionales para violar las normas de la Unión Europea con total impunidad. Además, en temas de salud pública, la Unión Europea debería asumir un control total sobre esta materia. No es comprensible que mientras italianos y españoles morían a centenares diariamente, Bruselas no dijera una palabra. En las fases críticas de la pandemia hemos observado cómo la autosuficiencia nacional se imponía sobre el interés común. La idea común europea ha desaparecido.

La COVID19 va a afectar más económicamente al Hemisferio Sur. El precio de los recursos naturales cae en picado, un 20% de su valor ha descendido desde el comienzo de la pandemia. No es de extrañar que veamos más gente queriendo entrar a Europa, no serán turistas queriendo dejar su dinero, serán inmigrantes buscando pan y trabajo, distanciamiento social en sus últimas consecuencias. 

La COVID19 ha modificado nuestro concepto de “casa”. Podemos recordar lo mal recibidos que son los compatriotas, con segunda residencia, que han regresado de zonas infectadas por coronavirus. Los medios de comunicación han explicado cómo miles y miles de compatriotas han salido de las grandes ciudades para evitar los confinamientos. Se han encontrado sin acceso a sus segundas residencias. Irónico que el concepto de “segunda residencia” venga de un hecho ocurrido durante la peste negra. Durante el siglo XIV, los habitantes del norte de Italia, cuando los brotes de peste acuciaban a las ciudades, los ciudadanos pudientes se marchaban a sus villas agrícolas a pasar esas crisis, evitando la escasez de alimentos en las ciudades.

La COVID19 ha provocado cierta confusión y crítica intergeneracional. Anoche mismo, en los noticiarios, un joven decía que “él era joven y que no le afectaba el coronavirus”. Un punto de vista muy egoísta y mediocre del problema. Los jóvenes se han mostrado muy críticos con la actuación de sus padres sobre el cambio climático y el futuro de los mismos. El coronavirus invierte esta dinámica, de manera que los sectores más vulnerables de la sociedad, se sienten amenazados por la poca disposición de los jóvenes a cambiar de estilo de vida. Ciertos sociólogos están hablando ya de la “Generación C”, en alusión al coronavirus.  Esta generación será la más afectada por la pandemia, ya se trate de recién nacidos, jóvenes estudiantes o universitarios.

Habrá que adaptarse, casi siempre el Homo Sapiens Sapiens lo ha conseguido. Tenemos los medios, ¿tendremos la suficiente capacidad? ¿Cuántos sacrificios serán necesarios? ¿Quién se quedará en el camino?