Plaza Nueva

  • Diario Digital | sábado, 23 de enero de 2021
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No acudamos a la sibila

No acudamos a la sibila

Cuando uno intenta analizar ciertos hechos de forma objetiva, le asaltan alarmas y dudas por todos lados. Los desastres no son naturales, los desastres son consecuencia de una relación entre lo natural y lo cultural, y ante la situación actual del COVID19, es necesario una reflexión sobre nuestra sociedad. Muy a mi pesar, a los pocos días de iniciarse la pandemia ya pude observar que no se iba a sacar nada en positivo, salvo 19 almacenes a lo largo y ancho de España con mascarillas y respiradores. No iba a hacer falta acudir a la sibila para descubrir las profecías y augurios, que más pronto que tarde, íbamos a descubrir.

Estoy plenamente convencido de que España es un país cainita, nos han educado así, nos están educando así. Nuestra dialéctica es el enfrentamiento de ideas, con unas antítesis preconcebidas, construidas,  arrojadas y vomitadas sin escuchar primero las tesis a debatir. En lugar de invertir el tiempo en escuchar las argumentaciones de mi otredad, estamos construyendo el argumento para desbaratar sus ideas. Y esta actitud se puede observar en una amplia gama de situaciones, desde la charla en el café a los grandes debates televisivos, que tan de moda están últimamente. Si hay algún agente que sigue jugando un papel fundamental en la crisis del COVID19 son los medios de comunicación y la desinformación. En este bombardeo constante de comunicación cabe todo, desde las fake news, Boletines Oficiales del Estado hackeados a titulares sensacionalistas que producen el efecto contrario al que, supongo yo, se desea. Los debates-espectáculo protagonizados por “periodistas-vasallos” del poder político han proliferado de una manera dramática fomentando la guerra ideológica y encendiendo la antorcha del odio. Esos debates-espectáculo, son utilizados como armas arrojadizas, enfrentados unos a otros en grandes escenarios a la espera de una audiencia millonaria para la cadena de televisión y unos millones de euros en publicidad para los medios de esos “periodistas-vasallos”. Unos debates-espectáculo con la capacidad de arrojarse muertos unos a otros. Muertos de E.T.A., muertos del 11M, muertos del YAK-42, muertos del COVID19, muertos, y además lo hacen sin ruborizarse. Es fácil ver las manifestaciones, caceroladas e incluso agresiones físicas que ocurren en distintas ciudades de España a favor y en contra del gobierno. No debemos olvidar que la confrontación extrema debilita el tan deseado y poco enseñado espíritu crítico. En una sociedad mediocre e iletrada como la española, esperar otra cosa es un sinsentido. Y lo más triste, a mi modo de ver, es comprobar como el “ejemplo” que deberíamos seguir, nuestros representantes políticos, se encuentran en un nivel igual de mediocridad que la misma sociedad española.

“Tenemos lo que nos merecemos”. Estoy cansado de  repetirlo. Escuchando los últimos debates en el Congreso de los Diputados, compruebo el cainismo de la clase política española. No buscan el bien del país, buscan el bien de su partido, me es igual un partido que otro. Es imposible la búsqueda de un fin común que beneficie al país, esa imposibilidad está en nuestro ADN. Pero estos políticos han salido de nuestros barrios y pueblos, de nuestras ciudades, son “nosotros”. Nada hay que achacar a nuestros dirigentes cuando son elegidos por la misma sociedad, repito, ellos son “nosotros”. Y sería responsabilidad de ellos cuando nos engañan una vez, pero cuando nos van engañando los mismos partidos políticos varias veces…la responsabilidad es ya nuestra, de los electores. Este problema es observable a nivel local, regional y nacional. Es más, justificamos sus actitudes y miserias, porque otros anteriormente lo hicieron o porque son de los “mios”, somos así de simples y fáciles de manipular. Estos hechos no son universales, no son aplicables a todas las democracias, Portugal y Alemania son ejemplos de países con gobiernos de distinto sentido ideológico y han sido capaces de trabajar en la misma dirección.

Las relaciones de corto alcance, en un plan más humano e individual, no mejoran demasiado a las relaciones de largo alcance. Los aplausos en los balcones a los trabajadores “esenciales”, la confección de mascarillas, la utilización de impresoras 3D para la fabricación de pantallas de metacrilato, etc.  ha ayudado a generar tejido social, negarlo sería de necios. 

Pero por otro lado, se han detectado redes criminales saqueando domicilios de personas mayores, proliferación de intentos de estafas bancarias en internet (phising attack),consumo irresponsable en los primeros días en los supermercados generando escasez de productos, compra indiscriminada de mascarillas en las farmacias  dejando a las personas de riesgo desprotegidas ante el virus, policías y sanitarios han sido rechazados  por sus vecinos vandalizando sus propiedades y el encierro también ha despertado al vigía del visillo, con ansias de controlar de manera indirecta a los infractores del confinamento. Así como la violencia genera más violencia, el miedo genera más miedo. Incluso este virus ha sido capaz de generar enemigos públicos ¡pobre Fernando Simón…!

Con esta panoplia de comportamientos podemos ver que las crisis simplemente revelan lo que somos en realidad, y no solo como individuos, también como sociedad, como nación, y ante una pandemia, como humanidad. Las situaciones de crisis revelan nuestra verdadera naturaleza, quizás deberíamos mirarnos al espejo para ver nuestros aciertos y nuestros errores y utilizar ese reflejo para ver hacia dónde queremos ir. Aunque pueda parecer increíble estamos en una situación de gran complejidad económica y social, muchísimo más compleja a la sufrida por el mundo a comienzos de la Revolución Industrial. Una situación que afecta a una crisis económica global que regresará después de que termine la crisis sanitaria global para terminar con la crisis climática global. La naturaleza nos ha  un tiempo, una cuaresma, un ramadán o un sabbath para reflexionar. A partir de ahora todo está en nuestras manos, y eso me aterra, ya que durante estos últimos meses, en nuestra civilización de barbecho, lo que no ha estado en nuestras manos, ha mejorado.