Plaza Nueva

  • Diario Digital | sábado, 15 de agosto de 2020
  • Actualizado 10:29

Una responsabilidad a compartir

Una responsabilidad a compartir

Conciliar la vida laboral,familiar y personal, significa compatibilizar el trabajo remunerado con las tareas domésticas y las responsabilidades familiares.Supone alejarse de la idea tradicional en la atribución de tareas diferentes, la valoración del entorno doméstico y un reparto del tiempo más equitativo, una práctica que beneficia para acabar con la doble jornada para unas y la privación de un espacio lleno de valores para otros. Conciliar estas esferas es un paso imprescindible para ser más felices además de contribuir a que infancia y juventud gocen de ejemplos de vida más igualitarios y en consecuencia menos conflictivos.

La existencia de roles que atribuyen a unas y a otros conductas y tareas diferentes, perpetúan estereotipos que contribuyen a justificar y reproducir las desigualdades entre hombres y mujeres y que pueden resumirse en el papel tradicional de unas (espacio privado) y de otros (espacio público), siendo el mantenimiento de estas estructuras lo que determina el uso de los tiempos:la organización del tiempo de los hombres se supedita al horario laboral.la organización del tiempo de las mujeres, tengan o no empleo,supeditado al tiempo de los demás.

La igualdad no es un tema sólo de mujeres

La sociedad es consciente de la implantación de la conciliación para avanzar en la igualdad,como se traduce de los textos que reflejan las normativas europeas y así mismo en España existe una ley de estas características. Pero,como siempre,la implantación de leyes, si bien suponen herramientas de trabajo, no son la barita mágica que soluciona problemas.como en toda ley si no hay implicación de la sociedad, su desarrollo será pequeño,sesgado,o nulo y esto ha de estar claro en cualquier marco en el que se esté trabajando un plan de igualdad. Para ello las necesarias campañas de difusión han de hacer hincapié en que un plan de igualdad no es buscar fórmulas para que las mujeres concilien su vida laboral y familiar y personal.

A nivel teórico puede estar claro,pero cuando llegamos a la práctica algo comienza a fallar,puede haber muchas causas y bajo nuestro punto de vista vamos a apuntar algunas: Las mujeres en general cuando escuchamos trabajar por la igualdad, enseguida nos apuntamos quizás porque históricamente hemos vivido la parte más invisible y cruda de la desigualdad (menor valor social,obligatoriedad sin compensación….) Los hombres en general cuando escuchan trabajar por la igualdad, lo ven como algo ajeno,tema de mujeres, quizás porque históricamente han vivido la parte más visible,adornada y ¿cómoda? de la desigualdad (prestigio social, empoderamiento de la masculinidad..).

Pero,estas posiciones ni a unas ni a otros nos benefician si queremos conseguir esa convivencia en igualdad que tanto se proclama en papeles y que se ve con buenos ojos desde sectores importantes de la sociedad.

Construir la igualdad es tarea de mujeres y de hombres porque, “igualmente” la desigualdad nos aporta aspectos negativos y relaciones injustas a unas y otros,por tanto la responsabilidad es comùn,estamos en un buen momento para edificar juntos, algunos sectores jóvenes, que sin duda han tenido referentes de los que absorber la corresponsabilidad, ya vienen conviviendo en otros modelos que antes eran impensables.