Plaza Nueva

  • Diario Digital | lunes, 18 de noviembre de 2019
  • Actualizado 22:19

Queja por la procesión de Santa Ana

Queja por la procesión de Santa Ana

Quiero manifestar mediante este escrito mi mas profunda indignación por lo sucedido el día 26 en la procesión de Ntra. patrona Santa Ana.



Llevo 27 años viviendo fuera y aun sigo considerándola “mi patrona”, por ese motivo la he acompañado en procesión durante todos esos años y algunos mas por las calles de mi Tudela y nunca me había sentido tan “abandonada” al dejarnos a merced del público que estaba viendo la procesión, que al ver pasar la banda de música creyó que ésta había finalizado y nos arroyo literalmente a innumerables personas que íbamos por detrás de dicha banda.



Yo poco sé de los problemas políticos que hay en Navarra, así que voy a hacer oídos sordos a todo lo que escuché, en boca de no pocas personas tan indignadas como yo, poco después de la “abortada” procesión.



Por eso sólo voy a dar mi opinión acerca de lo sucedido. Hay un dicho que dice: Cuando las cosas están casi bien lo mejor es dejarlas como están. Con esto quiero decir que no se de quien, ni por qué, fue la idea de que la banda de música no cerrase la procesión como siempre ha hecho, pero espero que tomen buena nota de lo ocurrido este año para que no vuelva a suceder.



Respecto a las jotas que se le cantan a Santa Ana, que son preciosas y emotivas, quiero pedir a los responsables: cabildo, congregación, etc. que no se pasen, que establezcan unas normas de cuantas y donde han de cantarse (he leído que este año fueron 11 y a juzgar por las innumerables paradas así debió ser) y si no pueden reducirlas que tomen medidas para que mediante policía local o responsabilidad civil hagan caminar a la gente mientras se cantan y así evitar unas paradas a todas luces incomodas y debido al calor, algunas veces, penosas. Y sin ánimo de ofender esto no es Sevilla



Por último decir que la procesión de Santa Ana es del pueblo (creyente o devoto) y para el pueblo y que los políticos, como tales, poco o nada nos hacen falta.



Josefa Martínez Navarro